Cristina Antoñanzas
Vicesecretaria General de UGT


Un acto más, una concentración más, una movilización feminista más y todavía siguen siendo insuficientes las protestas de muchas mujeres y hombres contra esta barbarie llamada violencia de género o violencia machista. 

Esa violencia que algunos (demasiados) hombres ejercen contra mujeres que consideran de su propiedad, meros objetos sobre los que afianzar una mal entendida masculinidad, que consideran reforzada cuando maltratan, violan o asesinan a una mujer. Esos asesinatos que se ejecutan después de años de maltrato a la mujer con la que han convivido, porque no pueden permitir que la relación termine, pues las consideran seres inferiores, sin sentimientos, sin capacidad de pensar o de sentir, mujeres cuya voluntad se han encargado de anular bajo el yugo del miedo…. Miedo a los golpes, miedo a las amenazas, miedo a las represalias, miedo…… Y cuando ellas se atreven a hacer frente a ese miedo y deciden tomar las riendas de su vida, en demasiadas ocasiones sus vidas son cercenadas por esos asesinos desalmados que no contemplan la vida como lo más valioso del ser humano y terminan arrebatándosela porque no conciben que puedan alcanzar algo tan elemental como la libertad de elegir no seguir sufriendo.

En lo que va de año, 41 mujeres (y un menor) han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Desde que se contabilizan los datos la escalofriante cifra asciende a 1.016. Más de mil mujeres que han dejado hijas e hijos huérfanos, en quienes estos hombres asesinos no han pensado en ningún momento, o quizá sí, pero sólo con el objetivo de hacer más daño a otras, a todas las personas del entorno de la víctima, pero especialmente a las mujeres (madres, hijas, hermanas, amigas…) a las que consideran responsables de la rebelión de “su” mujer. 

Las feministas no podemos seguir tolerando esta situación, esta impotencia, esta sensación de rabia que nos invade cuando escuchamos que otra mujer ha sido asesinada por su pareja o expareja, que un menor o una menor ha sido asesinado por su padre para hacer daño a la madre…. que otra mujer ha sido agredida, golpeada, violada…

No podemos ni queremos seguir tolerando la violencia que se ceba con las mujeres, asistiendo impasiblemente una semana más, un mes más, un año más como espectadoras invisibles de esas noticias que nos “informan” y nos hacen caer en la cuenta de lo lejos que estamos todavía de acabar con esta barbarie, que muchas llaman ya terrorismo machista y que otras nos empeñamos en seguir llamando violencia de género.

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