Un discurso que poco a poco nos mata

El discurso principal sobre el que el partido se apoya, poco a poco se desmorona con la realidad que pone de manifiesto la gran mentira que suponen.

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David Ramos / Getty

Con las palabras unos apuntan y otros disparan. La incapacidad política o simplemente la falta de voluntad de hacer algo al respecto nos ha llevado a una permisividad con las proclamas de carácter ultraderechista cuya deriva ha provocado una alteración del imaginario colectivo que para nada se corresponde con la realidad. Una serie de premisas y polarización política que tienen su objetivo, como es evidente, pero que no pretenden acabar con la existencia de un grupo étnico-cultural, al menos en un primer momento. Esto no quita la necesidad de una lucha a todos los niveles sociales que permita descubrir cuál es el objetivo último de quienes ya fomentan agresiones contra niños que vienen de fuera y demás barbaridades para las que no hay justificación alguna. Toda esta serie de discursos que explicitan ya, sin vergüenza alguna, que los motivos por los que aluden a la discriminación son de carácter racial, cultural o ideológico, recuerdan, inevitablemente, a una época pasada de España que duró cuarenta años y que fue aupada por un fascismo alemán e italiano que sembraron el terror en el continente.

Esta remembranza, todavía muy dolorosa para muchos, permite no sólo estar a alerta de movimientos similares que pudieran provocar desenlaces de tal calibre, sino identificar las formas de lucha pertinentes para acabar con el fascismo.

David Ramos / Getty

En este caso, la ultraderecha española pone la diana en los niños migrantes y jóvenes que se ven forzados a marcharse del país propio por varios motivos y que entra dentro de sus derechos humanos, tal y como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Encontramos, en su discurso, demasiados parecidos con partidos también calificados de extrema derecha en Europa y que han desencadenado ya trágicos eventos como la posesión de un gran arsenal de armas de Amanecer Dorado en Grecia y que nos deja en preaviso al resto de países que vemos como, poco a poco, nuestros homólogos siguen los mismos pasos.

En la creación y amplificación de su discurso, así como el auge del partido que va de la mano de los altavoces que ponen sus ideas al mismo nivel que las demás, son muchos los factores que intervienen en su crecimiento y que, por limitación de espacio, no podemos desarrollar aquí. No obstante, sí apuntamos que tanto los medios que ideológicamente son afines a la ultraderecha como aquellos que dicen no serlo tanto pero que han provocado un aumento exponencial de su seguimiento y apoyo, muchas veces escudados en la denuncia de sus discriminaciones sin oposición alguna. Si bien es cierto, un partido que reflejase su xenofobia de forma tan abierta y que tuviera tanto apoyo sí que era noticia, aunque entre hacerse eco de lo que decían durante sus primeros meses y rebatir la multitud de datos falsos que aportaban y que simplemente se reproducían como noticia hay una gran diferencia.

Sus mentiras se desmoronan

El discurso principal sobre el que el partido se apoya, poco a poco se desmorona con la realidad que pone de manifiesto la gran mentira que suponen. El otro día conocíamos que la criminalidad se encuentra en mínimos históricos y todo un partido que ha elaborado su imagen alrededor de este pilar que se descubría falso, se vino abajo. No sólo porque se corroboraba lo que ya se venía advirtiendo desde hace meses, sino porque se deja en evidencia las absurdas afirmaciones que tiene la ultraderecha en cuanto a su programa. Ratificamos, entonces, que la comunicación del partido se ha basado en un discurso incendiario para tratar de rascar votos a raíz del descontento de una sociedad con su clase política, además de la situación que España atravesaba económica y socialmente. Un discurso que se ha expandido por todos los canales comunicativos posibles que tienen parte de culpa en la reproducción de los mantras que se repiten acerca de la inmigración, entre otros muchos utilizados para discriminar al que es distinto a ellos.

Frente a las falsas historias y datos que se dan desde la ultraderecha con la intención de criminalizar a numerosos colectivos, una respuesta social y multidimensional es, como se ha demostrado en numerosas ocasiones, una de las formas más efectivas para plantar cara a la cantidad de bulos e infamias que sueltan cada día por la boca. Monstruos que no nacen de la nada, sino de unas condiciones económicas y sociales específicas que siempre han manifestado su odio contra los mismos. Por ello, antes de averiguar de qué son capaces si consiguen el poder suficiente como para desarrollar numerosas atrocidades que otros han cometido antes que ellos, una respuesta contundente que pare los pies a quienes ya muestran ciertos indicios, es necesaria. Nuestros derechos no están al mismo nivel que sus ideas. Y si intentan acabar con ellos, lo único que les espera es la derrota.

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