Charo Arroyo
Coordinadora de la Comisión de Memoria Libertaria de la CGT


La figura de Federica siempre ha sido destacada por el movimiento libertario como por la sociedad en general. Pero ahora, incluso en París ha sido reconocida su aportación al feminismo y su compromiso militante con la colocación de su nombre a un jardín ubicado en el distrito 13 de la ciudad. No sé si le hubiera hecho mucha gracia que una ministra de una monarquía, a la que se le echó en el año 31, haya sido una de las encargadas de la inauguración del jardín con su nombre. Montseny tuvo muchas reticencias a asumir el cargo de ministra durante aquellos meses de una República convulsa, al inicio de la guerra y con los sueños de la Revolución, unos sueños que se vieron frustrados con la pérdida de la guerra, sobre todo para la mujer porque supuso un retroceso en derechos y la vuelta a una posición de invisibilidad y de dominación patriarcal. En el acto de inauguración estuvo su hija, Vida, que agradeció el recuerdo a su madre y glosó todo el trabajo que desarrolló en su vida, labor que significó una importante mejora en los derechos y libertades de las mujeres. 

Es importante e interesante señalar que la compañera Federica no hablaba de “feminismo”. Era una manera de diferenciarse de las sufragistas que por aquel momento, años 30 del siglo XX, peleaban por el derecho al voto de las mujeres. Para las anarquistas esto era “feminismo burgués”, porque pretendía la inclusión de la mujer en las instituciones políticas sin cuestionar otras realidades, como el hecho de la existencia de la lucha de las mujeres de clase obrera, quienes pedían un reconocimiento de las necesidades específicas de la mujer para que pudiera desarrollarse como persona, además de la pelea incansable por unas condiciones laborales más humanas. 

La participación de Federica Montseny en el gobierno de la II República, siendo la primera mujer ministra de un Gobierno, acompañada de Amparo Poch, directora de la Asistencia Social del Ministerio de Sanidad, significó que la posición de la mujer en el Estado español en esos momentos históricos alcanzase los más altos grados de reconocimiento en sus derechos.

A pesar de que Montseny no formó parte del colectivo ‘Mujeres Libres’, abrazó gran parte de su planteamiento, aunque la estrategia de organización no la compartiese. Su trabajo como ministra de Sanidad, basado en su ideología anarcofeminista, ha quedado patente. Y durante los pocos meses en los que Federica ejerció el cargo al frente del Ministerio de Sanidad se aprobó la ley del aborto, se ofrecieron talleres de sexualidad e higiene femenina y se crearon liberatorios de prostitución. Todos estos avances iban mucho más allá de la lucha por conseguir el derecho al voto y a participar en igualdad en las instituciones políticas, porque para Federica esa igualdad de participación estaba ya superada desde hacía muchos años con su militancia activa en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), donde sus propios padres eran luz en importantísimos debates de la organización.

Aunque no exento de dificultad, el reconocimiento de la valía de las mujeres en la organización estaba normalizado. No obstante, es destacable el debate entre Lucía Sánchez Saornil y Marianet en el periódico Solidaridad Obrera, donde polemizan sobre la cuestión femenina. 

Así, tras la derrota en la Guerra Civil, el papel de Federica se tornó aún más visible. Su lucha por las mejoras en las condiciones de las personas exiliadas a Francia es un hecho incuestionable. Su papel en la reconstrucción de la CNT en el exilio fue también fundamental. Su figura, con reconocimiento y admiración al acabar la dictadura franquista en el Estado español, han sido referentes con los discursos de Montjuïc (1977) y en San Sebastián de los Reyes.

Aquí en nuestro país, su país, ha sido reconocida como ministra de Sanidad otorgando a algunos centros de salud y plazas su nombre. Pero resulta especialmente gratificante que más allá de su país natal sea homenajeada por otros y otras, como Francia, país que la adoptó al tener que huir del suyo por sus ideas.

Federica, que había experimentado desde bien pequeña el dolor del exilió, vivió más años en Toulouse que en España, una ciudad que era como una pequeña España debido a la gran cantidad de exiliados republicanos que corrieron su misma suerte. Hoy, París tiene en su callejero un jardín dedicado a la memoria de Federica Montseny, algo que sin duda le hubiera gustado por todo lo expuesto. Quizás, solo le quedaría el pesar de que a su lado, en la misma inauguración, estaban la ministra de un Estado que no han condenado ni el fascismo ni el franquismo, contra los que luchó Montseny con todas sus fuerzas. Ministra que pretende hacer creer que las personas que se tuvieron que exiliar en el 39 estarían apoyando una Constitución burguesa, sustentadora de los privilegios de los de siempre.


 

 

Charo Arroyo, coordinadora de la Comisión de Memoria Libertaria de la CGT.


 

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