El conflicto entre insurgentes nacionalistas de la etnia de mayoría budista rakáin y el Ejército birmano siembra el caos de nuevo en el estado de Rakéin, tradicionalmente conocido como Arakan, dos años después de la brutal limpieza étnica perpetrada contra la minoría musulmana rohinyá, según ha sido testigo Efe.

Los enfrentamientos entre las fuerzas armadas birmanas y el Ejército de Arakan (AA, en sus siglas en inglés), que exige un estado autónomo, se recrudecieron el pasado diciembre y, sobre todo a partir del 4 de enero, cuando guerrilleros del AA atacaron puestos de la policía en una remota zona del estado del oeste de Birmania.

Desde entonces, los combates se han extendido desde las zonas más inaccesibles de la escarpada Cordillera de Arakan hasta zonas urbanas, como la antigua capital imperial de Mrauk U, cuyos centenarios templos budistas podrían ser declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO el año que viene.

El Gobierno ha bloqueado el acceso a muchas zonas del Estado tanto a periodistas extranjeros como a oenegés y agencias internacionales y el conflicto ha desplazado a más de 16.000 personas, según la ONU.

Además, según las organizaciones internacionales más de 100.000 arakaneses no reciben ayuda humanitaria debido a las restricciones impuestas por el Gobierno birmano.

«Podemos vivir aquí en el campo de desplazados hasta que la revolución termine,» dijo a Efe un hombre de 29 años alojado en uno de los refugios abiertos en Mrauk U y que optó por mantener su anonimato.

El campamento, que acoge a unas 300 personas de todas las edades, se encuentra en el terreno de un monasterio budista en el centro de Mrauk U que obtiene suministros de organizaciones locales y la Cruz Roja.

El estoicismo del desplazado refleja un realidad que el gobierno birmano preferiría ignorar: el AA cuenta con un amplio apoyo entre la población local hasta el punto de que resulta difícil encontrar a algún rakáin que no simpatice con las guerrillas.

Los funcionarios del Gobierno están en medio de un fuego cruzado en el que a veces son las víctimas y algunos administradores de los pueblos han sido asesinados o han desaparecido en los últimos meses, entre ellos el pastor baptista Tun Nu, al que unos hombres se llevaron de su casa la noche del 19 de enero y sigue en paradero desconocido.

«Cualquiera que sea la organización que se ha llevado a mi marido, deben liberarlo sin hacerle daño. Tengo tres hijos y todos ellos siguen esperando a su padre,» cuenta a Efe entre lágrimas Sandar Phyu, la mujer de Tun Nu que, como su marido, pertenece a la etnia mro.

Sandar Phyu se encuentra en un campo de desplazados del distrito de Kyauktaw que albergaba a unas 630 personas, casi todas pertenecientes a la etnia mro y a otras minorías atrapadas en un conflicto entre los rakáin y el Gobierno que a muchos de ellos les resulta ajeno.

Arakan es conocido internacionalmente por la tragedia de los rohinyás, una minoría musulmana de etnia bengalí y de alrededor de un millón de personas que en Birmania y Arakan son considerados inmigrantes ilegales de Bangladés.

Tras una serie de ataques por parte del Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán (ARSA, en sus siglas en inglés), los rohinyás sufrieron una brutal campaña por parte del Ejército birmano en 2017, que expulsó al vecino Bangladés a más de 700.000 de ellos.

Pero en el convulso estado de Arakan hay al menos tres bandos: el del Gobierno central birmano, controlado por la etnia mayoritaria bamar, el de los rohinyá y el de los rakáin, que suman unos 2,3 millones y conforman la mayoría de la población del estado.

Arakan es el segundo estado más pobre de Birmania y muchos rakáin ven a las autoridades birmanas como una fuerza de ocupación empeñada en expoliar recursos naturales como los ricos yacimientos de gas natural frente a sus costas.

Los rakáin y los bamar comparten la religión budista y una lengua similar, pero Arakan está separado del resto del país por una cordillera montañosa casi infranqueable y durante la mayor parte de su historia fue un reino independiente que no fue conquistado por los bamar hasta 1784, 40 años antes del inicio del periodo colonial británico.

El AA fue fundado en 2009 por un puñado de estudiantes nacionalistas rakáin y en la actualidad se calcula que cuenta con unos 7.000 guerrilleros y cada vez muestra más audacia en sus ataques, contra los cuales el Ejército birmano han llegado a emplear su fuerza aérea.

En estos enfrentamientos, más de un centenar desde enero, han muerto al menos 58 guerrilleros, 27 policías y un número indeterminado de civiles, según fuentes oficiales.

Entre el creciente número de rakáin que desean enrolarse en el AA, figura Ko Naung Khine, un joven de 26 años que regresó a Arakan en diciembre y ahora vive con sus padres en la antigua capital imperial tras haber gastado todos sus ahorros en un vehículo de tres ruedas para trabajar como taxista y transportista.

«He regresado a mi tierra natal ya que el AA necesita a gente. No estoy seguro de que me vayan a aceptar, pero me uniré lo más pronto que pueda. Estoy totalmente convencido de que sólo el Ejército de Arakán puede conseguir que nuestros sueños se hagan realidad,» sentenció el joven, que había emigrado a Malasia en 2014 en busca de trabajo.

Mratt Kyaw Thu

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