La histórica aldea palestina de Lifta se sitúa en una tranquila ladera a pocos minutos del bullicioso centro moderno de Jerusalén. Quedó deshabitada cuando sus habitantes huyeron durante la guerra de 1948 y desde entonces ha permanecido intacta, congelada en el tiempo.

Sin embargo, en la actualidad, sus casas de piedra caliza con cúpulas y ventanas arqueadas, construidas durante los primeros años del Imperio Otomano y que se asientan sobre ruinas aún más antiguas que se remontan a la Edad de Hierro, corren el riesgo de ser demolidas para dar paso a un lujoso complejo de villas, hoteles y tiendas.

En una iniciativa conjunta israelí y palestina, los activistas se
preparan para una batalla legal con el objetivo de intentar salvar la
aldea, que se erige como un recuerdo de las expulsiones de palestinos
de Jerusalén Occidental en 1948.

La autoridad territorial israelí anunció en mayo que tenía
previsto convocar un concurso para la reurbanización de Lifta. Un
tribunal ya paralizó un proyecto similar en 2012
, cuando
dictaminó que debía realizarse un estudio detallado de la historia
y la arqueología del lugar antes de que pudieran comenzar las obras
de construcción.

Imagen de Lifta en 1945 (Jewish National Fund)

Los planes para la licitación se dieron a conocer durante el Día
de Jerusalén de este año, fiesta que conmemora el establecimiento
del control israelí sobre la Ciudad Vieja. Muchos palestinos, que
creen que cualquier nuevo desarrollo borraría la historia de la
zona, consideraron la medida como algo político y Lifta se convirtió
rápidamente en un elemento de discordia.

Lifta está actualmente en la lista de candidatos de la UNESCO, lo
que significa que podría convertirse en patrimonio de la humanidad.
Los proyectos en torno a la aldea han dividido incluso a las
autoridades israelíes, porque ha sido durante mucho tiempo un
destino de excursión para miles de residentes de Jerusalén.

Un portavoz del Ayuntamiento de Jerusalén dijo la semana pasada:
«No hemos sido informados de la publicación de esta licitación
y no la hemos aprobado. El alcalde de Jerusalén había pedido a
todas las autoridades competentes que reconsideraran el plan de
urbanización».

La autoridad del suelo ha indicado que había publicado
licitaciones para vivienda, empleo y turismo «de acuerdo con la
disponibilidad de suelo y la aprobación reglamentaria de los
planes». Aunque es inusual, legalmente se puede proceder a la
licitación sin la aprobación del Ayuntamiento.

Como parte de su impulso al desarrollo urbanístico, la autoridad
del suelo encargó a la autoridad de antigüedades, un organismo
gubernamental independiente, la realización de un estudio completo
de la zona. El estudio se completó en 2016, pero no se hizo público
hasta este mes de mayo.

«Según ese estudio, no puede haber un proyecto nuevo de
urbanización de Lifta», indica el arquitecto
palestino-británico Antoine Raffoul. «El manantial natural de
la aldea se menciona incluso en la Biblia y ya existía un
asentamiento en la zona en la Edad de Hierro. Se ha desarrollado a lo
largo de miles de años y merece ser preservada. Estamos librando una
guerra cultural».

Los habitantes de Jerusalén han descrito Lifta como un museo al
aire libre, con 77 edificios aún en pie. En su apogeo, era el hogar
de más de 2.500 personas. Tenía huertos, varias prensas de
aceitunas, dos cafeterías, una mezquita y un lagar.

Desde 1948 más de 200 edificios han quedado en ruinas. La mayoría
de los residentes huyeron a la vecina Jordania o a otras ciudades
palestinas de Cisjordania.

«Los habitantes de Lifta solían reunirse cerca del manantial
por las tardes, contando historias, bebiendo café, incluso bailando
juntos. Compartíamos la felicidad y, cuando uno de los aldeanos
moría, también compartíamos la tristeza. La aldea estaba viva»,
explica Yacoub Odeh, un exresidente de 81 años que nació en Lifta.

Imagen de Lifta, abandonada en 1948.

«Es una situación que me resulta dolorosa. Cuando nos
expulsaron, los habitantes de la aldea se dispersaron en todas
direcciones. Perdimos la pista de nuestros vecinos, de nuestra
comunidad», lamenta mientras permanece en silencio cerca de las
ruinas de lo que fue su hogar.

Odeh, que vive en un barrio de Jerusalén, ha explicado que espera
que la aldea sea declarada patrimonio de la humanidad. La visita
varias veces a la semana, subiendo a la colina en su maltrecho coche.

Daphna Golan-Agnon, profesora de derechos humanos de la
Universidad Hebrea y activista del movimiento de conservación de
Lifta, subraya que el estudio de la autoridad de antigüedades –que
ha tenido en cuenta la arqueología, la historia, la arquitectura, la
vida silvestre y la ecología– muestra claramente que el lugar debe
ser preservado.

«Es sorprendente que, tras más de 70 años de abandono, la
aldea siga en pie de forma tan bella, incluso cuando los tejados de
muchas de las casas se han hundido. Pedimos que se apuntalen los
edificios [para evitar un mayor deterioro] y estamos dispuestos a
ayudar a recaudar fondos si el coste es un problema», dice.

En la actualidad, el antiguo emplazamiento se utiliza sobre todo
como espacio de ocio para judíos y palestinos, con niños que nadan
en la piscina del manantial, mujeres mayores que recogen frutos de
cactus y adolescentes que fuman cigarrillos a la sombra de los
árboles.

Tamar Maor, de 92 años, era uno de los pocos residentes judíos
de la aldea en 1948. Describe las relaciones entre «las familias
árabes» y la suya como «excelentes».

«Recuerdo el día que nos fuimos», señala. «Tres o
cuatro hombres vestidos de caqui llamaron a nuestra puerta y le
dijeron a mi madre que teníamos que irnos. También llamaron a la
puerta de nuestro vecino árabe. Lloramos, nos abrazamos y seguimos
llorando, pero nos prometimos que volveríamos. Nos fuimos todos al
día siguiente». La familia de Maor volvió temporalmente, pero
se encontró con que la mayoría de las casas estaban demasiado
deterioradas, sus amigos árabes ya no estaban y su pueblo ya no era
habitable.

Décadas más tarde, muchas de las casas de Lifta tienen una
pequeña bandera palestina pintada en el interior de los marcos de
sus puertas y una única declaración, o deseo, inscrita debajo en
árabe: «Volveremos».

Traducido por Emma Reverter

Fuente:
https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/plan-urbanistico-israeli-amenaza-historica-aldea-simbolo-expulsion-palestinos-guerra-1948_1_8184825.html

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