Raúl García Agudo, delegado provincial de CCOO, se ha infiltrado para trabajar como repartidor para Glovo, donde, afirma, se encontró con condiciones de semiesclavitud.

Según García Agudo, los trabajadores de Glovo son forzados a trabajar largas horas por salarios irrisorios y a pagar por su propio equipamiento, como mochilas y smartphones.

Además, la empresa ha sido acusada de establecer precios bajos para entregas y de exigir a los repartidores que acepten cualquier encargo que se les asigne, aunque ello suponga arriesgar su vida, debido a condiciones físicas o ambientales. Como resultado, ya se ha comprobado, varias personas han fallecido trabajando para Glovo.

En una entrevista para elDiario.es García explica que las condiciones son tal que “los que desconecten de la aplicación, que equivale a un despido sin ningún tipo de indemnización. La empresa hace que la relación laboral sea nula y los trabajadores no pueden revisar las malas valoraciones que les pueden dejar los clientes. Quizás ha sufrido una caída y por eso llega tarde. Quizás está calado hasta arriba por la lluvia. Pero el rider no puede apelar, porque a la empresa sólo le importa que llegue pronto y una reseña negativa afecta a su algoritmo y, por lo tanto, a sus ingresos”.

Algo que sigue sucediendo a pesar de haber entrado en vigor la ley Rider: “Glovo, como Uber, incumple sistemáticamente la ley y no reconoce a sus repartidores como trabajadores. Es una situación de piratería brutal”, matiza.

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