En los últimos años varias tecnologías están despuntando de una manera desconocida para la mayor parte de las personas. A pesar de que en prensa se suele ver información sobre el Big Data y el IoT (Internet of Things), poca gente tiene conocimiento, si quiera teórico, de lo que esto significa.

Mediante el Big Data una empresa de energía puede calcular, a día de hoy, cual va a ser la demanda de energía para los próximos días, basándose en modelos matemáticos que exploran miles de millones de datos que tienen almacenados del pasado.

Mediante Big Data una empresa como Twitter, Facebook o Google sabe qué publicidad te tiene que mostrar en cada momento en base a tus gustos, tus hábitos de navegación, tus contactos, tus búsquedas en internet, por dónde vas, a quién escribes y QUÉ ESCRIBES.

De estos miles de millones de datos que las usuarias de estos servicios dan a diario, estas empresas hacen negocio. Es un negocio oscuro y con unos acuerdos de licencia lo suficientemente largos e insufribles de leer como para que nadie se los lea y se plantee no vender su intimidad a cambio de servicios. Como dice Richard Stallman «Cuando un servicio es gratuíto es porque el producto eres tú».

El problema surge cuando un país se plantea hacer algo similar. ¿Cómo podemos luchar en defensa de la privacidad cuando un gobierno decide controlar a la población de forma dictatorial, como lo que está haciendo China con su carnet por puntos de buenos ciudadanos? Y es más ¿cómo podemos evitar llegar a ese estado de control cuando se desarrolle una aplicación para evitar e informar sobre la propagación del coronavirus Covid-19?

El secreto está en la privacidad y en los datos. No podemos consentir que un gobierno pueda almacenar en bases de datos los números de teléfono o IMEI de dispositivos de los habitantes del país y las relaciones de afinidad por proximidad de las personas. No podemos consentir que si usted mañana decide quedar para tomar cervezas con tres personas, el gobierno tenga almacenado al momento esta relación de afinidad.

Alguien pensará «Yo no tengo nada que esconder» y le diremos que si, si tiene algo que esconder. Se llama «privacidad». La privacidad de que ningún gobierno pueda saber donde y con quien ha estado. Porque el principal problema del Big Data, que es para lo que está pensado, es que los datos se almacenan para siempre y se pueden explotar en cualquier momento, permitiendo así que el día de mañana el gobierno pueda tener la lista de relación de todas sus amistades, lugares que frecuenta, quien frecuenta esos lugares, y las amistades de esas personas.

¿Recuerdan esa máxima que dice que todas las personas del mundo estamos conectadas por sólo cinco saltos? Pues el Big Data permitiría al gobierno tener un mapa de estas relaciones actualizado en tiempo real. Es el Big Brother pensado por Orwell. Os dejamos esta charla de Marta Peirano (@minipetite) sobre privacidad y Big Data: «The surveillance device you carry arround all day«

Como sociedad civil debemos luchar para que se proteja la privacidad de las personas y no se salte en nombre de la lucha contra el Coronavirus.

Existe ya un desarrollo internacional de un protocolo de comunicación anonimizado, de código abierto, que permitiría a la población saber si ha estado en contacto con una persona que ha desarrollado el coronavirus sin necesidad de que el gobierno almacene en ninguna parte las relaciones sociales de toda la población. El funcionamiento lo pueden leer en el repositorio del código fuente, en GitHub.

A groso modo, la aplicación de cada dispositivo genera códigos aleatorios de datos; cadenas de letras y números sin ningún sentido. Cuando un dispositivo se acerca a otro, intercambian sus cadenas de texto y las almacenan en la memoria del teléfono. Si la persona usuaria de la aplicación un día se encuentra mal y es diagnosticada tiene la opción de enviar a una base de datos los códigos que su dispositivo ha ido generando.

En la base de datos solo se guardan esos códigos. A partir de entonces el teléfono o dispositivo de cualquier persona con la que estuvo en contacto el usuario infectado consultará en la base de datos los códigos de personas con las que ha tenido proximidad. Si encuentra el código, le mostrará un aviso en la pantalla. El gobierno no podrá saber qué persona ha interactuado con quien porque la única información que se almacena son códigos aleatorios de infectados.

No hay duda que el desarrollo que se haga, más cuando se hace con dinero público, debe de ser de código abierto. El código abierto nos permite fiscalizar el código y saber que no se está haciendo un mal uso de la información privada de las personas que tengan instalada la aplicación. No podemos permitir que empresas como Google o Apple accedan a información privada y relaciones personales de personas con la excusa de la lucha contra la propagación del Covid-19.

Fuente: CGT Informática