Denisse Gacitúa Bustos
Santiago, Chile

Desde que el presidente Piñera asumió el mando, hemos tenido una suerte de gallito entre el pueblo y el gobierno. Se hicieron promesas pobres, pero aún así la gente votó por Piñera. Prometió 600.000 nuevos empleos, pero hoy la tasa de desempleo en Chile está por sobre el 7%. Se han hecho manifestaciones pasivas exigiendo leyes para la violencia de género, pero no se ha hecho nada al respecto, aún cuando las noticias están llenas de nuevos femicidios.

Masivas protestas contra el sistema de pensiones, donde los jubilados después de ahorrar durante toda su vida laboral, recibiendo sueldos entre 600.000 pesos hasta 1.000.000 de pesos, hoy reciben una pensión mensual de 180.000 mil pesos con suerte, ya que se calcula que vivirán hasta los 100 años. Hemos tenido noticias desconsoladoras de ancianos, que sumidos en la pobreza gracias a este sistema, han decidido terminar sus vidas, otros que con 80 años trabajan limpiando parques y calles por 80.000 pesos mensuales, o vendiendo en el comercio ambulante para ser robados y golpeados por carabineros.

Se ha reprimido a los estudiantes del emblemático instituto nacional, por ser «subversivos», ya que han participado en protestas y tomas para exigir educación gratuita y de calidad, protestas a las que padres y profesores se han unido. La diputada Camila Vallejo, propuso una reforma laboral para que las horas laborables semanales sean reducidas a 40 en lugar de las actuales 45, que no contemplan la hora de almuerzo, pero el presidente amenazó con declararla inconstitucional, sabiendo que los chilenos pasamos entre 9 a 10 horas en nuestros trabajos, con un transporte mediocre que agrega 3 horas diarias a ese número entre ida y vuelta. Sumando a eso, la salud en Chile es mala y cara, la gente muere en listas de espera para ser operados, o simplemente mueren en la sala de espera de urgencias.

Tuvimos en este mes otra alza del servicio de electricidad, que convenientemente, sé quemó uno de sus edificios ayer, justo antes de dar la noticia del estado de emergencia en Santiago.

Hemos tenido colusiones en farmacias, supermercados, centros médicos. Se suman los altos costos de peajes y TAG en las autopistas, autopistas que muchos usan para llegar a sus trabajos, autopistas que son privadas, igual que el agua, la luz, las telecomunicaciones y el transporte. Se aprobó el TTP 11, que privatiza la semilla en Chile, y Monsanto entró a Chile en silencio y sin oposición. Se descubrieron millonarios robos a instituciones como carabineros y militares de chile, a manos de sus comandantes, se intentó obligar a los ciudadanos a aceptar un medidor de energía inteligente, que doblaba los consumos de electricidad de los hogares. Sumado a esto, nos suben el pasaje por segunda vez en el año, 30 pesos, que parece poco, pero es un alza que se registra dos veces al año, desde hace más de 5 años, y no hay mejoras en el transporte. Por todo eso, y gracias a la valentía de nuestros vecinos ecuatorianos, que no aceptaron las alzas, el pueblo chileno se hartó, y decidió, propulsado por los jóvenes estudiantes, salir a protestar.

Se organizaron evasiones masivas en el transporte público, ayudadas por escolares y universitarios, los cuales abrían las puertas automáticas de acceso a los andenes, y como respuesta, Metro s.a. hizo que los trenes no se detuvieran en las estaciones con más evasión. Las personas comenzaron a sentarse en los andenes para evitar el paso de los trenes que no estaban prestando servicios y detuvieron el desplazamiento de los trenes. Los carabineros de fuerzas especiales (armados), fueron a proteger los intereses de Metro s.a., cerraron estaciones con gente en el interior, comenzaron a lanzar lacrimógenas a transeúntes, golpearon y persiguieron a menores, y ahí comenzó el real disturbio. Todo eso comenzó a suceder el lunes, las evasiones continuaron, los estudiantes no retrocedieron, y el contingente policial aumentó.

Como respuesta a la violencia que ejerció el gobierno contra los protestantes, se derribaron portones de metro cerrados con candado y se destruyeron torniquetes de acceso a los andenes, aunque esos fueron casos aislados y específicos. Ayer viernes 18 de octubre, Metro s.a. anuncio que cerraría por todo el fin de semana todas sus estaciones, no habría servicio de metro, lo que provocó más protestas en sus estaciones, y carabineros comenzó a disparar contra todo quién estuviera dentro.

Hubieron varios heridos, algunos muy graves, y se dice que un estudiante en Maipú, Nicolás Espinoza, dirigente estudiantil, murió por un impacto en la cabeza. Nada de esto fue transmitido en televisión, todo se sabía por redes sociales. Una hora después informaban que el gobierno dio luz verde a la ley de seguridad del estado, que permite a carabineros disparar, pero la gente en las estaciones no tuvo aviso previo, lo que provocó que muchas personas saliéramos a protestar en varios puntos de la capital. Se escuchaban cacerolazos desde el interior de las casas, en las veredas, en las esquinas, bocinazos en todas las calles.

El descontento de los ciudadanos era general, pero en la televisión seguía criminalizando las protestas y los destrozos, culpando a supuestos delincuentes por daños a propiedad privada, Y de las injusticias poco se hablaba, de los heridos a manos de carabineros no se hablaba nada. Luego de una semana de calles repletas de policías en todo Santiago, sobretodo en el centro y en lugares cercanos a metros, hubo unas horas en que todos los policias se retiraron, dejando las calles solo con protestantes, para que luego llegarán los misteriosos encapuchados, que siempre saben cuándo no habrá carabineros, y comenzaron los saqueos, bombas Molotov, barricadas, y un misterioso incendio en la torre de Enel, que no partió desde la base, donde estaban los encapuchados, y ardió como si estuviera cubierta de combustible, lo que dio al gobierno de Sebastián Piñera, la razón para declarar estado de emergencia en Santiago y otra provincias, y así dejar en manos del comandante en jefe del ejército de Chile, el señor Iturriaga, el cuidado y control de Santiago.

Aún así, con todo esto, con el miedo que trae a nuestro pueblo el uniforme militar en las calles, los ciudadanos no nos rendimos, aún se organizan marchas en contra de las alzas, los jóvenes baleados nos instan a seguir luchando, se escuchan cacerolazos desde distintos puntos, en poblaciones, en el centro de la ciudad. Estamos cansados de la miseria y del abuso, cansados de la ignorancia de nuestros políticos, de la falta de empatía con la clase trabajadora, de la violencia con la que nos trata carabineros de Chile, de las condiciones en que se viaja en el transporte público, del precio del combustible y de la vida en general, cansados de que el ministro de vivienda diga que todos los chilenos tienen una propiedad, porque para él, un vehículo de segunda mano es comparable a una casa, cansados de que nos digan que si queremos ahorrar dinero nos levantemos más temprano y podríamos incluso comer caviar, o que mockenberg diga que si reducen las horas laborales la selección chilena no podrá jugar otra copa.

Que el ministro de salud diga que la gente va al consultorio temprano a hacer vida social. Esas son las cosas que nos cansaron y nos emputecieron, y quedan mil temas fuera de lo que les comento! Por eso, no crean que esto es solo por un alza de 60 pesos, por qué no son 30, cuando vas y vuelves del trabajo esos 30 se multiplican por dos, y luego por 6 días a la semana y por 24 días al mes; en síntesis estamos pagando 50.000 pesos en transporte para ganar un sueldo de 300.000 de los que quedan 250.000 para comer, pagar cuentas, pagar escuelas, pagar créditos, vestuario, esparcimiento, arriendo, medicamentos, y estamos ya en -250.000.

¡¿Cuánto se puede oprimir a un pueblo, cuánto se puede abusar del más débil, cuánto más pensaron que nos podían robar, maltratar, inculpar?! Chile lleva más de 30 años dormido, teniendo pesadillas con la dictadura, temiendo volver a la represión militar, a los asesinatos en poblaciones.

Sufriendo la miseria de la pobreza, el desgaste del trabajo arduo, la mala alimentación, la precariedad en la salud, gobernados por ladrones inescrupulosos, manipuladores de las masas, con basura en la TV, metiéndonos fútbol y realities por todos los orificios, con una educación deficiente, con una política de shock, con un gobierno del terror. Y pasó que con tanta presión, despertamos, y nos dimos cuenta que seguimos en dictadura, una dictadura moderna como la que predijo Aldous Huxley en su libro «Un mundo feliz», donde pensamos que somos libres, tenemos internet, tenemos Netflix, podemos expresarnos en redes sociales, creíamos tener una democracia, pero seguimos siendo esclavos, esclavos que creíamos ser felices, pero esto se acabó, y el gobierno con sus amenazas, sus tanques, sus militares y leyes anti-terroristas, nos esta dando la razón, porque en este país no hay libertad política. Por eso debemos seguir luchando, el fin no es conseguir la rebaja de esos 30 pesos, el fin es tener el control de nuestro dinero, el fin es tener un gobierno a nuestro servicio, el fin es la seguridad de nuestros ciudadanos y el derecho a escoger nuestros caminos, nuestra educación. ¡Escoger nuestro país!

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