Un médico de 27 años ha fallecido de un ataque cardíaco tras trabajar durante 10 días sin descanso en la lucha contra el coronavirus de Wuhan, en un nuevo caso de lo que se conoce en Japón como Karoshi, muerte por exceso de trabajo.

Song Yingjie cuyo trabajo trabajo consistía en comprobar la temperatura corporal de viajeros y conductores en una autopista llevaba trabajando seguido desde el 25 de enero. Era el encargado de dirigir un equipo de médicos en la provincia de Hunan, vecina de Hubei, en la que se encuentra la ciudad de Wuhan.

Al parecer, Song murió el pasado lunes cuando finalmente llegó a su dormitorio y su hermana, retenida en Wuhan debido a la cuarentena, afirma que no puede evitar culparse de no haber salido de Wuhan antes del bloqueo y apoyar a su hermano durante este difícil periodo.

Después de varias semanas plantando cara al coronavirus los hospitales de la ciudad china de Wuhan empiezan a notar falta de personal y de material sanitario. La avalancha de pacientes es imposible de asumir con los medios de que disponen. Ni siquiera,la construcción a contrarreloj de los dos nuevos hospitales parece aliviar la situación.

«Si descanso, me tratan como a una traidora. Trabajo sin pausa día y noche. Aquí sólo me espera la muerte», se lamenta una enfermera.

En uno de los tuits que circulan por redes sociales se puede ver a varios médicos dialogando, uno de ellos afirma que se quiere ir a casa. Lleva enlazando cuatro turnos seguidos. Su compañero, ajeno a sus quejas, le dice que se lleve a esos pacientes que esperan.

También algunos medios internacionales han publicado fotografías en las que se observa al personal médico con las batas y mascarillas de protección tumbados en sillas de trabajo, descansando en butacas o directamente en el suelo.

Los médicos están agotados. «No hay suficiente personal y estamos desbordados, cada vez la gente nos llega con más pánico y muy nerviosos», declaraba a El Mundo un doctor del Hankou Hospital. No ha sido fácil que un médico hable estos días en Wuhan para un medio internacional, aunque sea de forma anónima y con un intérprete. Tienen miedo de recibir algún castigo por parte de las autoridades si denuncian la situación que se están encontrando al trabajar.