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Por Marta Santos, Coportavoz federal de EQUO

Cerca de 3.000 millones de personas a lo largo de más de de 180 países del mundo apagaron las luces el año pasado para luchar contra el cambio climático en la Hora del Planeta. Países de todo el mundo se unieron a la iniciativa apagando negocios, hogares e, incluso, 12.000 monumentos.

Hoy sábado volvemos a tener una cita con la Hora del planeta. Una vez al año familias, instituciones, empresas y organizaciones, entre otras, se comprometen a apagar durante una hora las luces de sus casas, sus sedes o los edificios públicos. Así demuestran su preocupación por el cambio climático y fomentan un compromiso común para encontrar soluciones.

Un pequeño gesto se reproduce en todo el mundo como símbolo de concienciación. El primero de muchos para lograr un compromiso real en la lucha contra el gran reto global al que nos enfrentamos: el cambio climático. Sin embargo, debemos actuar con urgencia. Es necesario acelerar las medidas, y aquí las instituciones públicas tienen un papel muy importante que jugar a todos los niveles, y no solo apagando la luz. Desde Europa hasta el pueblo más pequeño de España existe una responsabilidad con la preservación de nuestro entorno.

Lo vemos tras cada cumbre, tras cada informe, lejos de atenuarse el problema, el cambio climático se acelera. La comunidad científica internacional es unánime a la hora de pedir acciones inmediatas. Las consecuencias de esta situación son cada vez más visibles: desde los fenómenos climáticos extremos, pasando por las sequías, hasta el aumento de temperaturas.

Y todo ello tiene un impacto directo, no solo en las personas, sino en nuestro medio de vida. En la agricultura, cultivos como los viñedos o los frutales, tendrán que desplazarse más al norte. Una realidad palpable cuando vemos que se está empezando a producir vino en Gran Bretaña. Si nos fijamos en la ganadería,  escasearán cada vez más los pastos verdes y los animales tendrán que comer pienso lo que produciría un aumento de costes.

El reto que tenemos por delante es mayúsculo y nos compete a todas y todos. Apagar la luz una hora es un gesto fácil que cuesta poco, pero podemos ir más allá. Debemos insistir ya que no sólo nos jugamos el futuro de las próximas generaciones, sino nuestro presente. Una movilidad más sostenible, tener menos dependencia de los combustibles fósiles e impulsar el cambio de modelo productivo basado en energías limpias  son sólo algunos ejemplos de las políticas públicas valientes que necesitamos, pero que no están avanzando al ritmo suficiente.

Actuemos, pero hagámoslo ya. Aún estamos a tiempo.

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