Cynthia Duque Ordoñez

La belleza depende del ángulo por el que se mire, hoy es un día de esos que algunos llamarían tristes, otros reivindicativos, mientras que yo lo llamaría como el día en el que especialmente nosotras reclamamos la propiedad de nuestros cuerpos. Uno de esos días en los que se señala al patriarcado especialmente. Hoy es el día en contra de la mutilación genital femenina.

La mutilación de los genitales femeninos es la forma de cercenar nuestro  deseo, que deja de ser importante cuando nos convertimos en las vasijas de la esencia de los hombres, una clara muestra de la discriminación que sufren miles de niñas y de mujeres por razón de género, dicha discriminación procede de más de 20 siglos de dominación patriarcal, en los cuales los hombres sellaron un pacto sexual entre ellos para, a la fuerza, apoderarse y repartirse los cuerpos de las mujeres. Rompiendo con la idea del contrato social en tanto no vivimos en una sociedad igualitaria.

Actualmente se asocia la mutilación genital femenina a regiones “poco desarrolladas” de África o Asia, sin embargo, privar a una mujer del control sobre su cuerpo puede ser tanto físico, como por ejemplo cortando sus partes íntimas, pero también puede ser mental “educando” a través de la misoginia a rechazarse a sí mismas (práctica propia de la misoginia judeocristiana). ¿Qué practica es más perversa? ¿La que mutila tu cuerpo o la que mutila tu mente?

Mapa sobre la práctica de la ablación por países / Woman Stats Project

La sociedad occidental es tan hipócrita que mientras rechazan la ablación genital femenina se preguntan por qué una niña de 14 años tardó veinte días en denunciar una agresión sexual en grupo, por qué una joven entró en un portal con unos desconocidos (hombres que en conversaciones privadas planeaban drogar chicas jóvenes con burundanga y que en una ocasión anterior lo consiguieron), o incluso llegan a condenar todo lo anterior, pero no ven nada moralmente reprobable en vender armas a los mayores financiadores del extremismo religioso que lapidan, violan o mutilan niñas.

Algunas todavía recordamos como el Daesh o los “rebeldes” como algunos los llaman mutilaron a miles de niñas en Mosul, segunda ciudad de Irak, cuando tomaron por la fuerza la ciudad en 2014.  Abu Bakr al Bagdadi, autoproclamado califa, ya vencido y eliminado del mapa político por tras un ataque de la Fuerza Aérea rusa cerca de Raqa, exigió que se llevara a cabo la ablación a todas las niñas y mujeres de edades comprendidas entre los 11 y los 46 años para según sus palabras “alejar a las mujeres del libertinaje y la inmoralidad”.

Una tortura que no era habitual en Irak, uno de los países que hasta la invasión norteamericana era considerado un país moderno y respetuoso con la mujer, al igual que Siria o Líbano.

Más de 125 millones de mujeres han sufrido la circuncisión femenina en todo el planeta.

La práctica, común en una veintena de países africanos, es ajena al mundo musulmán. Una estigmatización que no procede sería atribuir la práctica de la ablación a dogmas islámicos, de hecho en la mayoría de países de religión musulmana no se práctica o está penada. Solo está arraigada en zonas rurales de Sudán y Egipto, donde es predominante el analfabetismo altamente ligado a la misoginia patriarcal, según la cual el único valor de una mujer radica en preservar su virginidad como un obsequio al marido, para su disfrute, mientras que el de ella se elimina porque carece de importancia para la sociedad patriarcal.

Una niña a la que han practicado una ablación. Foto de archivo de Kim Manresa. Fuente: La Vanguardia. 08/08/2016

Ilegalizada desde 2008 en Egipto, seguía practicándose en la clandestinidad entre musulmanes y cristianos.

La extirpación parcial o total de los órganos genitales es una violación de los derechos humanos que se lleva a cabo en clínicas clandestinas o en los hogares. Sus partidarios confunden religión con tradición para legitimar una mutilación que provocará en las víctimas innumerables problemas tanto físicos como psicológicos e incluso es causa de muerte.

Mayar, una niña que se convirtió en símbolo de la lucha contra la mutilación genital femenina.

En 2016, Mayar Mohamed una joven de 17 años murió tras sufrir una hemorragia severa cuando le practicaron la mutilación genital en un hospital privado de la ciudad egipcia de Suez. Su hermana gemela, también mutilada, sobrevivió a la barbarie. Su madre solicitó entonces a las autoridades permiso para enterrar a su hija alegando que había sido sometida a una extirpación de las adenoides. Durante el examen del cuerpo, el inspector de sanidad local desestimó la solicitud al descubrir que la muchacha había sido víctima de mutilación genital. Según el diario estatal Al Ahram, la clínica en la que se llevó a cabo la intervención ha sido clausurada. El médico responsable de la operación y la cúpula directiva del hospital fueron investigados por homicidio.

Mayar murió por la ignorancia y el atraso de su madre, que consideraba a su hija culpable simplemente por haber nacido mujer”, relató con amargura Rawan al Jamal, una amiga de la víctima, en su página de Facebook.

“Quienes llevan a cabo estas operaciones criminales deben enfrentarse a castigos estrictos“, exigió el Consejo Nacional de la Mujer.

“Resulta increíble que la policía egipcia no esté aplicando una línea dura para terminar con la mutilación en un país donde alrededor de 27 millones de personas son víctimas, lamentó Suad Abu Dayyeh, investigadora de la organización Equality Now que junto a abogados locales luchó para revivir la causa de Soheir, otra niña de 13 años que perdió la vida en 2013 en circunstancias similares a las de Mayar. El médico fue condenado por “homicidio involuntario” a dos años de prisión, pero tras el perdón de la familia de la víctima solo estuvo tres meses en prisión.

“Es necesario que se tipifiquen los delitos en torno a la mutilación genital femenina”, explica Dalia Abdel Hamid, de la Iniciativa Egipcia para los Derechos Individuales, con sede en El Cairo: “De esta forma no cabría la posibilidad de reconciliación”.

Abdel-Hamid indica que si el médico hubiera sido condenado por un crimen más grave que el de homicidio involuntario no habría tenido la posibilidad de pedir el perdón de la familia de la víctima y esquivar años de cárcel.

Una de cada cinco mutiladas reside en la tierra de los faraones, según Unicef.

Los datos estatales apuntan a que el 92,3 % de las egipcias casadas con edades comprendidas entre 15 y 49 años ha sufrido la ablación en alguna de sus modalidades.

“Los números todavía son muy altos pero se ha registrado un descenso evidente entre las jóvenes. La tasa entre las egipcias de entre 15 y 17 años se sitúa hoy en el 61 por ciento. Ha caído 13 puntos desde 2008″,  explicó Germaine Haddad, responsable del programa de género del Fondo de Población de las Naciones Unidas. “Se trata -agregó- de la generación que está reflejando por fin los esfuerzos realizados durante los últimos 20 años. La edad media para la mutilación es 10 años. Una vez que cumple los 14 sin haberla sufrido, está salvada”.

Egipto endurece las penas por mutilación genital femenina.

Solo tres meses después de la muerte de Mayar Mohamed el Gobierno egipcio presentó un borrador al Parlamento que tipifica la ablación como un “delito grave” y eleva el castigo, de los entre tres meses y dos años de prisión actuales a los entre cinco y siete años. La pena puede alcanzar los 15 años de cárcel si la mutilación tiene como consecuencia una incapacidad permanente o el fallecimiento. La enmienda no solo persigue al personal médico o los responsables de realizar la mutilación. También castiga a los padres que sometan a sus hijas a la práctica. Los progenitores o aquellos que “escolten” a las menores hasta la clínica se enfrentan a entre uno y tres años entre rejas.

Autoestima y dignidad.

No obstante, erradicar esta ‘tradición’, que hasta la máxima autoridad islámica de Egipto condenó como “antiislámica” y “bárbara“, no es tarea sencilla. Aunque se está caminando en la vía correcta para que en 2030 el número de mujeres no mutiladas sea superior a las mutiladas, a través del endurecimiento de las penas, movilización social o apoyo de la comunidad médica, entre otras.

En los últimos años ha aumentado el número de jóvenes que acuden a clínicas estéticas para someterse a la reconstrucción del clítoris. Los médicos son optimistas en la mayoría de los casos, aunque depende del corte y del grado de tejido perdido, es decir, del nivel de los daños.

A los hospitales egipcios no solo acuden mujeres egipcias, también se ayuda a otras procedentes de Sudán, Eritrea o Somalia.

Egipto muy despacio remonta cabeza después de la pérdida de Gamal Abdel Nasser, que si bien era musulmán, llevó a término numerosas políticas sociales laicas en Egipto. Un lapsus de modernidad que se vería truncado con los asesinatos de Nasser,  Anwar el-Sadat  y  Sufi Abu Taleb, tras los cuales Egipto se sumergiría en la dictadura de Hosni Mubarak, aliado de Israel y EE.UU, para continuar tras su derrocamiento un clima de terror a manos de la secta Hermanos Musulmanes que actualmente no controla la cúspide gubernamental.

Contra la misoginia patriarcal revolución sexual.

La revolución “sexual” contra el patriarcado se sostiene en esa elección consciente o no de querer ser mujer y también hombre más allá del patriarcado. Poniendo fin al control que ejercen los hombres y las costumbres sociales patriarcales sobre nuestra sexualidad que nos diluyen como mujeres con el fin de que sirvamos sumisamente a sus intereses reproductivos.  Al fin y al cabo el patriarcado surge del interés de los hombres de controlar el acceso a nuestros cuerpos para saber quienes eran sus herederos. Sin embargo, cuando eran las mujeres la cabeza de la sociedad, quienes legaban sus bienes este “interés” no existía, pues la mujer sabe quien nace de sus entrañas y quién no. De todas maneras hoy que no es el matrimonio la institución que regula la legitimidad o bastardía de una persona es improcedente dotarla de efectos reales, aunque es importante conocen el origen de nuestros males contemporáneos.

Sin embargo, más de dos mil años de sometimiento sexual es difícil de erradicar, al fin y al cabo ese sometimiento es la raíz de que hoy no nos sigan tratando como iguales, ya que durante milenios hemos sido seres inferiores que podían usar a su antojo, con el beneplácito de los sacerdotes, legitimando nuestro tato desigual en una falsa falta de capacidad, que se ha manifestado por ejemplo en una falta de capacidad jurídica de la mujer española mayor de edad hasta mediados de los años 70 siglo XX.

Hoy la MGF es un grave problema a nivel global, se reportan casos de niñas nacidas en Europa que son mutiladas en vacaciones estivales a sus países de origen. Pero también es una práctica arraigada en el desconocimiento, en el analfabetismo de madres víctimas de la misoginia patriarcal, de modo que es una práctica clasista que afecta sobre todo a las capas sociales más pobres, aquellas que tienen más problemas para acceder al conocimiento.

“Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia.” (Sócrates)

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