Una nueva captura feminista: la trampa de la caza

Eloísa Alba
Secretaria de organización de la CNT de Málaga


Fue tras un paseo por los montes de Málaga cuando descubrimos una descomunal cantidad de cartuchos por metro cuadrado. A poca distancia, en una venta, un ingente número de cazadores con indumentaria y banderas españolas, armaba alboroto. Todoterrenos, parafernalia y ausencia de mujeres (aunque también existen mujeres cazadoras, pocas). El negocio de la caza está en alza. Sectores como los de Vox o Ciudadanos lo impulsan e intentan vender una imagen sacrosanta de la matanza, como la de los toros. Tomemos de ejemplo, la frase de Abascal (Jara y Sedal): “quienes de verdad cuidan la naturaleza son los cazadores” o la imagen de la palabra Vox realizada con liebres muertas o Ciudadanos intentando blindar la caza junto al PP.

Además, de los efectos tóxicos del plomo, la devastación de los territorios, los atentados contra la biodiversidad, la imposibilidad de recolectar setas, plantas medicinales o realizar deportes al aire libre, pasear sin estar poniendo la vida en riesgo o el deterioro de los ríos… Otras consecuencias son las medidas de aumento de las temporadas de caza, reformas de la ley de armas y normas de caza. Como ya es sabido, están sobre la mesa y están siendo favorecidas por los partidos anteriormente citados. De la misma manera, muchas revistas de moda españolas (Agrodigital) por ejemplo, nos aporta datos de Extremadura donde 5.000 cazadores participaron en oferta pública 19/20 (cazadores locales, autonómicos y nacionales o equiparados) para puestos y modalidades como montería, recechos y terrenos bajo gestión pública.

Los cotos privados también están sacándole rendimiento a éste resurgir del postureo del asesinato animal, ya sea por placer, como trofeo, venta, como entretenimiento entre comilonas, galgos explotados/luego abandonados, charlas de puro con ausencia de conciencia animalista y ecológica. Los delitos de matanza furtiva de los corzos aumenta por no citar las muertes humanas, la última en febrero: un niño alcanzado por una bala accidentalmente. Que los ayuntamientos viertan hormigón en caminos rurales para favorecer éstas industrias no significa que cuiden del medio ambiente, sino que generan unos beneficios muy sustanciosos para las arcas del estado.

Rastreando el tema atrapamos de nuevo datos muy comprometedores ya que supone una inyección económica a la España rural que sacia imaginamos a todo este elenco de partidarios del deporte nacional más rancio: la actividad cinegética es de 6475 millones de euros, lo que representa el 0,3 por ciento del PIB anual del país y supone 186.758 puestos de trabajo. Observamos, además, la gran paradoja de que dicen conservar el medio natural mientras ocupan los mejores espacios naturales, invadiéndolos de una manera violenta pero bien vendida, y además, simulando valores que la caza no posee, lavando la imagen con parabienes hacia el mundo rural y el campesinado, ya que ellos han invertido importantes sumas y recursos y la atracción de la fiesta de la cacería no es otra cosa que un ocio de señoritos que utilizan el supuesto deporte para montar clubs y así evadirse al más puro estilo Trump con todos los lujos de una naturaleza y una fauna que están siendo explotados y producto para el sacrificio de 46.000 millones de personas que no son cazadoras en éste país. Ya existen suficientes estudios socioeconómicos que corroboran dicho perfil, el perfil del cazador, no obstante, cabe resaltar que existirán algunas excepciones de apretar un rifle por el placer de matar sin tener que ser de derechas o ultras.

Las pocas mujeres cazadoras son muy atacadas por las eco feministas y animalistas que luchan contra esta actividad enfervecidamente. PACMA (partido animalista) ha acusado a las Cortes de Castilla y León por desobediencia a la Justicia debido a las burlas de resoluciones, ya que están defendiendo a los animales y visualizando las ilegalidades que se están cometiendo en ese territorio. Los colectivos en defensa de los animales en La Xunta se rebelan ante decisiones como la de ampliar la temporada cinegética del jabalí y la posibilidad de disparar en zonas ahora prohibidas, en ese contexto, ya se va observando la progresiva desresgularización y la peligrosa tendencia a la caza en caminos sin señalizar. Encontramos a menudo la trampa de que la caza es una afición y una pasión, lemas que enmascaran a empresas que capitalizan el entorno con prometedoras mejoras de infraestructuras, desigualdad digital e incentivos para el medio rural.

Pongamos la caza en el punto de mira telescópica del eco feminismo: la caza es un comercio salvaje, pertenece al engranaje del capitalismo. Y en la actualidad, pretende colarse de nuevo en la vida de los pueblos y ecosistemas protegidos y de la misma forma deshonrosa hará su mercadeo y lucro en los cotos privados. El cazador/a vende a empresas como Mercadona o Alcampo, y según agencia tributaria, tras manipularse y salir al mostrador, el “género” normalmente se cuadriplica o quintuplica. El mayor negocio es el ciervo y jabalí 32, 8 y 17,7 millones de euros, lejos del corzo y el gamo con 58.175 y 23.109 piezas, lo que supone: 3,6 y 2,3 millones. Muchas son las convocatorias públicas, para abatir ejemplares, con la invitación de combatir plagas, incluso hacer un bien animal y para el ecosistema, un disfraz para fomentar la atracción y la feria. Por otra parte, el 87% del territorio está declarado cinegético (43,8 millones de hectáreas divididas en 32.817 cotos de los cuales el 82, 6% son privados).

En recientes elecciones #LaCazaTambiénVota nacida de la FAC (federación andaluza de caza) lanzó sus cartuchos para lograr su presa. La bestia de la cacería es poder, patriarcado, la degradación de los espacios al servicio de unos privilegiados, la violencia hacia los animales y el medio ambiente, la capitalización de la ecología con los lavados de imagen necesarios, la capitalización de los cuerpos fallecidos, siempre producto. La caza, al igual que la tauromaquia, es un espectáculo sangriento, placer sádico, cacería trofeo de salones, casa de los horrores del taxidermista, el cazador/a convertido asimismo en depredador y opresor/a del sistema.

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