El secretario general de Vox y concejal del partido de extrema derecha en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, ha reclamado este martes la celebración del ‘Día del Holocausto del Marxismo’ tras un acto por el 75 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz por las tropas soviéticas en 1945.

Ortega Smith ha cifrado en «100 millones de muertos», las ‘víctimas’ del «holocausto del Marxismo», y ha proclamado ante los medios su deseo de rendirles homenaje.

«Ojalá algún día hagamos el Día del Holocausto del Marxismo, la masacre, los campos de concentración en Asia por el pueblo chino, el pueblo vietnamita, el pueblo coreano a todos ellos hay que recordarles», ha lanzado Ortega Smith.

El portavoz de Vox ha hecho un llamamiento a hacer frente a estas ideologías que van contra «un pueblo, motivos políticos, religiosos o sexuales»; una lista en la que ha hecho mención expresa a aquellos que «odian dentro de su propia nación por el hecho de formar parte de la misma» y, a continuación, ha aclarado que se refería «a los separatistas que odian al resto de nacionales».

«Los totalitarios se unen siempre en la historia contra los más débiles, contra las minorías», ha aseverado, antes de indicar que «desgraciadamente la historia de la humanidad es la lucha y la persecución de los totalitarismos contra quienes queremos vivir en paz a quienes queremos que se respete la dignidad humana» ha zanjado Ortega Smith.

¿Seguro que Smith quiere decir «marxismo»? No sabemos exactamente a qué se refiere Smith con al nombrar el «marxismo», pero vamos a explicar qué es concretamente este modelo teórico. El marxismo está compuesto principalmente por el pensamiento desarrollado en la obra de Karl Marx, filósofo, sociólogo, economista y periodista revolucionario alemán, quien contribuyó en la sociología, la economía, el derecho y la historia. Por lo tanto es correcto hablar de marxismo como una corriente del pensamiento humano. El marxismo se asocia principalmente al conjunto de movimientos políticos y sociales que surgieron durante el siglo XX, entre los que destacaron la Revolución rusa, la Revolución china y la Revolución cubana. Es incorrecto plantear estos movimientos como sinónimo de «marxismo», porque ni todo su componente humano ni toda su doctrina política se basó en el marxismo como tal, cosa que confunde el miembro de Vox. Muchos gobiernos, partidos políticos, movimientos sociales y teóricos académicos han afirmado fundamentarse en principios marxistas, aunque una inspiración no es apoyar su Gobierno en el ideario. Ejemplos particularmente importantes son los movimientos socialdemócratas de la Europa del siglo XX, el bolchevismo ruso, la Unión Soviética y otros países del bloque oriental, Mao Zedong, Fidel Castro, Ernesto «Che» Guevara, Santucho, Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Thomas Sankara y otros revolucionarios en países agrarios en desarrollo.

Populismo en vena

Esta cifra de 100 millones ha sido uno de los argumentos más repetidos por parte de la derecha, una de esas frases populistas que tanto calan en quién busca criticar las medidas de izquierda aunque desconozca qué está diciendo.

La idea central es que se pretende advertir a la población no sólo sobre las nefastas consecuencias económicas que traerían las medidas sociales o económicas que beneficien a la mayoría, comparando esto con las crisis sociales en Venezuela o la situación en Cuba, sino también porque la miseria actual sería mil veces mejor que el genocidio que potencialmente traería este sistema.

La fuente de donde se saca este dato viene de la obra El Libro Negro del Comunismo, una compilación realizada por el exestalinista Stéphan Courtois a fines de los años 90. El propósito de este estalinista arrepentido era darle un “Núremberg” al comunismo y juzgarlo en el marco de la historia.

Courtois realizó una serie de entrevistas a varios historiadores para señalar todas y cada una de las atrocidades cometidas en nombre del socialismo, para “probar” que ésta sería culpable de millones de muertes. Sin embargo, desechaba a los profesionales que no servían para lo que él buscaba. Un ejemplo son los historiadores Nicholas Werth y Jean-Louts Margolin, quienes se distanciaron de su participación en el proyecto argumentando que Courtois estaba “obsesionado” con alcanzar la cifra de los 100 millones.

Courtois solamente consideró, tal y como reconocieros Werth y Margolin en una entrevista, «la dimensión criminal como una de las dimensiones de todo el sistema comunista» y que eso «equivale a eliminar su carácter histórico del fenómeno». La editorial de la Universidad de Harvard terminó retirando su edición del libro por “errores matemáticos”.

El historiador Peter Kenez señaló que el libro contiene “imprecisiones históricas”. “El Sr. Paczkowski, quien escribió el capítulo sobre Polonia, inmediatamente perdió mi confianza en su objetividad cuando escribió en la segunda página de su ensayo: «En el verano de 1920, Lenin lanzó una ofensiva del Ejército Rojo contra Varsovia». No es simplemente una cuestión de opinión, sino un hecho de que fue Pilsudski, el héroe de la independencia polaca, quien atacó y el Ejército Rojo, tal vez desaconsejadamente, persiguió a los polacos. […] Estos errores e imprecisiones son importantes, ya que socavan la confianza del lector en otras cifras que no son tan fáciles de verificar”. 

Courtois, coherente con su pasado estalinista, no distingue entre el proyecto comunista y el mal llamado “socialismo real” que resultó su negación burocrática. La URSS no entraría dentro de lo que Marx detallaba ya que, si bien estaban presentes durante los primeros años de existencia del estado soviético, fueron poco a poco barridos por la burocracia de Stalin.

Asimismo, si alguien cita la cifra de 100 millones de muertos por el comunismo, tiene un problema de lógica: ¿podemos poner un signo de equivalencia entre un poblado ucraniano asolado por la hambruna de 1933 y un batallón de Nazis del General Paulus ejecutados en Estalingrado? Para Courtois y los apologistas del Libro Negro, ambos serían víctimas del socialismo.

Fuente: Debates sobre la derecha liberal y el comunismo, de Oscar Fernández, Izquierda Diario