Rafael Silva


Ha vuelto a suceder. Los taxistas de Madrid y Barcelona se han puesto una vez más en pie de guerra contra las multinacionales de VTC y la prensa seria, de tradición lacaya y esquirola, ha sacado la brocha gorda de difamar a los trabajadores. Los mismos que doran la píldora al monarca, al banquero o al millonario quieren hacernos creer que doblar el lomo en un puerto o en un supermercado o en una obra es un exquisito privilegio. Que los estibadores son un gremio proclive a la pereza y al follón gratuito. Que los mineros, carne de silicosis, solo saben quejarse de vicio. Que los profesores forman una cofradía de zánganos y vividores adictos a las vacaciones. Que los funcionarios, ya se sabe, no pegan un sello y se pasan el día de cháchara en el descansillo. Y así en un largo etcétera de profesionales que nunca ocupan las primeras planas hasta que a alguno de ellos le da por protestar. Y por ahí, señoras y señores, la prensa seria no pasa
Jonathan Martínez

El conflicto entre el Taxi y las empresas privadas de VTC no hace más que empeorar. En el fondo, es una guerra entre un servicio público y un modelo de negocio, es decir, y de nuevo, entre el mundo público y el privado. La obsesión del mundo privado en convertir en negocio todos los servicios públicos, ahora bajo el falso slogan de la “economía colaborativa”, está llegando a un punto insostenible, bajo la aquiescencia, confusión, duda, inacción o falta de voluntad de los dirigentes políticos. Nosotros ya expusimos recientemente todas las falacias y engaños de esos modelos de negocio que se basan en una App, es decir, en un programa informático, descargable desde un dispositivo móvil, que asegurando un papel “neutral”, ejerce de verdadero medio de producción del empresario. En este caso, esta inofensiva app se descarga desde tu teléfono móvil, y puedes solicitar un VTC desde cualquier punto y en cualquier momento. Por su parte, la app de dicho VTC recibe tu solicitud, y acude a tu llamada. Pero la app, como decimos, es quien registra el cobro del servicio y controla absolutamente todo, es el nuevo “patrono electrónico” que guía y modera el negocio, repartiendo horarios, turnos, beneficios, etc. En el fondo, por tanto, no se trata más que de una nueva vuelta de tuerca, una nueva ofensiva del capitalismo tecnológico que nos acecha, que como siempre, explota a la inmensa mayoría para hacer ricos a unos cuantos.

Se trata, con la única diferencia cronológica, de la misma maniobra que la que quisieron hacer con el sector de los estibadores portuarios, y antes con muchos otros sectores. Ellos lo resumen bajo el término “liberalizar”, pero detrás de este inocente y aparentemente justo término se esconde la gran trampa. En todos los sectores donde esta supuesta “liberalización” ha entrado ha sido para empeorar las condiciones de trabajo, para precarizar, para depender más de las decisiones de los patronos…en una palabra, para empeorar la vida a los trabajadores y trabajadoras. En este caso se dirá que no existe en el taxista un “empresario” como tal (salvo en los que trabajan como asalariados del taxi, que sí ejercen su trabajo por un sueldo usando la licencia del propietario), ya que cada taxista es “su propio jefe”, pero lo que quieren es ir desarrollando un modelo de negocio paralelo, con personas cada vez trabajando en peores condiciones, para con el tiempo, absorber el “viejo” modelo del Taxi, porque (como se decía para los estibadores o los controladores aéreos) los taxistas “tienen muchos privilegios”. Desde una posición de izquierda ante el conflicto del Taxi sólo cabe enfrentarse a los nuevos modelos precarizantes del negocio VTC, e impedir que puedan ganar la batalla al Taxi, que es un servicio público de todos y para todos.

En este artículo de El Confidencial se nos contaba que alrededor de 10.000 licencias de VTC están en manos de 26 grandes empresarios españoles (suponemos que la lista será más extensa a día de hoy), lo que supone unos 450 millones de euros. No hay que ser muy inteligente para sospechar que algunas grandes fortunas o avispados y listillos empresarios de turno han visto grandes posibilidades en este nicho de mercado. Y por su parte, Jonathan Martínez nos cuenta en este reciente artículo para el medio Ctxt que el fundador de Uber es uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, cuya fortuna puede valorarse en 5.900 millones de dólares. ¿Nos hacen falta más pistas? Cualquier buen entendedor sabrá relacionar en seguida estos pequeños datos económicos con la realidad de la potencia de un nicho de negocio que, si consigue consolidarse (y eso sólo pasará si los taxistas pierden la guerra), puede continuar dando enormes beneficios multimillonarios, a costa de seguir explotando a conductores VTC. Porque como estamos viendo, detrás de todos estos negocios “colaborativos” lo que encontramos son grandes capitales, grandes fortunas, y todo lo relacionado con ellas: fondos de inversión, paraísos fiscales, evasión de capitales….y un desprecio absoluto al mundo del trabajo. Todas estas empresas de la falsa “economía colaborativa” (Deliveroo, Glovo, Uber, Cabify…) dejan tras de sí un reguero de denuncias en los tribunales, y de casos de desencuentros y problemas, porque además los tribunales están dando la razón sistemáticamente a los/as trabajadores/as denunciantes.

La tendencia es llevar estas burdas y engañosas modalidades de “plataformas colaborativas” para el resto de empleados públicos, aunque ejerzan como profesionales autónomos de cualquier actividad. ¿Cuál será el siguiente sector? Imaginemos que fueran por ejemplo los notarios, que tienen algunos puntos en común con los taxistas. Un notario básicamente es un empleado público cuyos ingresos funcionan por su actividad, y sus actividades están tasadas públicamente, aunque las agrupaciones o empresas de notaría puedan “alterar” dichos precios mínimamente, añadiendo cualquier otro concepto a sus clientes. Un notario ha tenido que superar unos exámenes de oposición muy duros, que le capacitan para ejercer públicamente su profesión. Pues bien, imaginemos que mañana aparece una “Plataforma Colaborativa de Notarios”, es decir, una app que me descargo desde el móvil para localizar un notario que desarrolle tal tarea que me interesa, o me solucione cualquier duda o consulta. No sólo es que los “profesionales” que vayan a desarrollar esas tareas no tengan la cualificación de los otros notarios públicos, sino que además serán personas que tendrán unos “jefes” (los dueños de la app) ante los cuales tendrán que rendir cuentas, y sus condiciones de trabajo serán mucho más precarias que las del resto de notarios. Así funciona esto. Así de simple, así de claro, así de triste.

Por eso no podemos entrar en su juego. Defendamos a los taxistas, al igual que en su día lo hicimos para los estibadores portuarios, o para cualquier otro sector amenazado por ese fantasma de la “liberalización”, un fantasma que cada vez se nos muestra más invisible, pero cuyo poder de demolición del mundo del trabajo es cada vez mayor. Si Cabify y Uber se extienden y se apoderan del sector del taxi, asistiremos a toda una oleada de desregulaciones masivas y en cadena sobre las condiciones del transporte de viajeros, siempre en perjuicio de consumidores y de trabajadores. Se presentan con multitud de “adornos” en sus negocios, para dulcificar la vida al cliente, y así, por ejemplo, en los VTC te ofrecen una botellita de agua, tu emisora de radio preferida, y otros detallitos para hacerte el viaje agradable. No caigamos en disquisiciones absurdas, que lo único que pretenden es entrar en una clara competencia desleal contra un servicio público. Frente a la liberalización, hemos de apostar por lo contrario, es decir, por más regulación.

Y no caigamos tampoco en la criminalización de los taxistas, porque “¡Hay que ver lo que están montando con la huelga!”, porque esos comentarios ocurren cada vez que un determinado sector acude a la huelga (un derecho constitucional) como medida de presión para defender sus puestos de trabajo y la calidad del mismo. Ahora mismo, sin ir más lejos, los trabajadores de Alcoa también están cortando carreteras y haciendo manifestaciones, porque la empresa quiere despedirlos y marcharse a otro lugar, o simplemente reducir personal mediante un ERE, para que salgan beneficios a mayor escala en su cuenta de resultados. ¿Entendemos a los trabajadores de Alcoa y no a los taxistas? Pues en el fondo, salvando las distancias cosméticas, estamos hablando de lo mismo, de unos trabajadores defendiendo sus puestos de trabajo, amenazados por el gran capital, que pretende entrar en esa tarta, al igual que lleva muchos años entrando en nuestra sanidad, en nuestra educación, y en otros muchos servicios públicos. El taxi es otro más de ellos. Defender al Taxi es defender puestos de trabajo dignos, frente a la selva que nos ofrecen las empresas que están detrás de los VTC.

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Soy un malagueño de izquierdas, enamorado de los animales, y de mi profesión, la enseñanza. Soy profesor de nuevas tecnologías y crítico de las mismas, sobre todo de los cursos de F.P.O. (Formación Profesional Ocupacional) de la Junta de Andalucía. Me hice analista político ante la terrible deriva del capitalismo de nuestro tiempo, ante la necesidad de alzar la voz ante las injusticias, ante las desigualdades, ante la hipocresía, ante la indiferencia, ante la pasividad, ante la alienación. Sentí la necesidad vital de aportar mis puntos de vista, mi bagaje personal, y de contribuir con mi granito de arena a cambiar este injusto sistema.

1 Comentario

  1. Estoy bastante de acuerdo con mucho de tu análisis pero hay un punto en el que discrepo un poco y es en el punto de los funcionarios. Yo entiendo que hay dos tipos de funcionarios, los productivos y lo no productivos. Productivos son la Educación, la Sanidad y la Seguridad. Estos hace y dan una calidad de vida a los ciudadanos y ellos mismos se marcan sus obligaciones en su quehacer diario. Sin embargo el resto de fincionariado no tienen ese espíritu de responsabilidad y nadie en sus departamentos les marca o dice cuanto y como deben desarrollar sus deberes. Nadie les dice porque normalmente esos puestos son de dedo y no se sabe si duración ya que dependen de quien llegue al poder, entonces como el sistema está así establecido para que me voy a complicar diciendo nada a nadie y que mañana se de la vuelta a la tortilla y me queme. En este nuestro país nos falta un poco más de profesionalidad y con los resultados de nuestro hacer EXIGIR un salario mayor y una promoción adecuada. Saludos

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