Mencionaba Guy Debord en sus ‘Comentarios sobre la sociedad del espectáculo’ (1988) que el gran acierto de su teoría había sido el de definir con claridad en qué consistía El Espectáculo mísmo. 

Grosso modo, para Debord – y quien escribe estas líneas lo comparte – nuestra sociedad industrial habría desarrollado desde comienzos del siglo XX un nuevo tipo de dominación genuina y diferente a cualquiera de las que históricamente le precedieron, y de las que por supuesto es en gran parte heredera. Este sistema de dominio espectacular que habitamos y nutrimos, no sería otra cosas que el dominio autocrático de la economía mercantil emancipada de cualquier tipo de soberanía y en un estado tal de omnisciencia que no existe un más allá de ella. Pero al mismo tiempo, El Espectáculo no sería únicamente el dominio absoluto de la Economía sobre todas las esferas humanas, sino además el conjunto de técnicas de gobierno que acompañan dicho dominio, y que le dan una asombrosa capacidad de asimilación, resistencia y resiliencia.

El pueblo tunecino en las calles frente a un gobierno incapaz de ofrecer un futuro a su gente. 23 de junio de 2021, fotografía de Adem Yahiaoui
El pueblo tunecino en las calles frente a un gobierno incapaz de ofrecer un futuro a su gente. 23 de junio de 2021, fotografía de Adem Yahiaoui

Ante esta coyuntura, abandonar El Espectáculo es algo que escapa a nuestras posibilidades actuales. Por el momento la tarea es observar su conducta, desvelarlo allí donde trata de hacerse pasar por su antítesis y aprender medios para construir situaciones – momentáneas – donde sus reglas queden en suspensión.

Hoy, sin lugar a dudas, El Espectáculo está viviendo una nueva Edad de Oro ante las magníficas oportunidades de desarrollo y reforzamiento que la pandemia le pone en bandeja. Para esta fuerza operante, la reclusión de la población y la creación del estado autoritario-sanitario es todo un campo de pruebas para la nueva piel que habrá de vestir en décadas futuras. A todas luces una mutación está operando en el seno del poder realmente existente, para el cual esta situación que padecemos es una bendición celestial. Seamos claros: desde la perspectiva del Espectáculo la pandemia permite poner en prácticas medidas que le son necesarias para perpetuarse.

En el momento actual la Sociedad Espectacular prácticamente ha ocupado todo el tiempo de vida. Fórmulas como el teletrabajo, las compras online, el aislamiento social, etc. hacen que el individuo quede separado de forma absoluta del cuerpo social, y desde ahí su voz – que penetra en nosotras y nosotros a cada instante a través de sus gadgets – empieza a ser no ya incuestionable, sino única, un sustituto de nuestro pensamiento. Este hecho de por sí ya supone un grado de poder nuevo, un peldaño más en su escala de la dominación. 

A partir de aquí cabe preguntarse:

                ¿Qué hace el espectáculo con este poder suplementario?

                ¿Hasta dónde ha llegado que no hubiera llegado antes?

                ¿Cuáles son sus líneas de operaciones en este momento?

Empecemos por intentar arrojar algo de luz sabiendo que El Espectáculo siempre nos lleva – hoy – la delantera. La primera pregunta nos habla de cómo el poder espectacular está entrando en una era en la que acepta el resultado de su propio imperio, es decir: asume como inevitable la destrucción del medio que el desarrollo de sus propias fuerzas en los últimos 70 años ha provocado. Es algo nuevo si tenemos presente que hasta hace poco su referente seguía siendo el American Way Of Life, y prueba de este cambio es que su antigua ideología se haya transfigurado en la ideología de un sector reaccionario y retrasado con respecto a las élites, caso que Donald Trump ha ejemplificado a la perfección. Así pues, el nuevo poder que el aislamiento social proporciona al Espectáculo le da la oportunidad de implantar en el cuerpo social la idea de que la destrucción del medio fue una consecuencia «natural» del desarrollo humano, y más importante aún, la idea de que su técnica puede resolver la tragedia. Véase al respecto la ridícula y siniestra propuesta de Bill Gate sobre «tapar el Sol» con geoingeniería.

La segunda cuestión, ¿hasta dónde ha llegado que no hubiera llegado antes? nos lleva directamente al tema de las vacunas. 

En primer lugar, en sus medios de comunicación – que son prácticamente todos, incluidos los medios supuestamente antisistemas que por miedo a señalarse o falta de pericia no entran a discutir los temas más escabrosos – se oculta constantemente que el desarrollo de la pandemia es una consecuencia, no evitable, del propio sistema económico que el sistema gestiona. El canal de circulación del virus no ha sido otro que el canal de circulación de la mercancía y éste ha seguido sus flujos, hasta alcanzar en tiempo record todo rincón de la Tierra.  Ciertamente ha habido pandemias siempre, sobre todo ligadas a dos factores: la aglomeración de población en grandes ciudades y los movimientos de población. ¿Y acaso este sistema no pregona e impone precisamente esos dos factores como estándares de modo de desarrollo? Al tiempo que el Espectáculo aceleró el tiempo histórico a través de las grandes transformaciones científicas y tecnológicas, supeditadas a los objetivos de SU economía, desencadenó la descomposición primero de las sociedades humanas tradicionales, para seguidamente descomponer el propio medio natural y la realidad misma, de ahí su obsesión por lo virtual, el mundo donde la consciencia humana queda virtualmente rendida a sus reglas.

En segundo lugar, retomando el asunto de las vacunas, éste es sobre todo interesante a nivel de lo que está por venir. Dejando a un lado el estéril debate sobre conspiraciones, las vacunas de la COVID-19 no son otra cosa que el remedio de un mal cuya génesis está en la raíz del mismo sistema que realiza las vacunas. Con ellas, se abren las puertas a un mundo nuevo, donde imperará la ley de vender remedios y pseudorremedios para las inevitables catástrofes que la soberanía irresponsable de la economía de mercado ha generado por doquier. Las vacunas en esta pandemia son pues un anticipo de futuras vacunas para nuevas pandemias, de agua potable embotellada que vendrá siendo cada vez más escasa o de alimentos no envenenados que habremos de pujar por conseguir, esto es el destino de un mundo donde las estrellas de mar mueren asfixiadas en el fondo del océano.

Llegamos pues a la última de las cuestiones planteadas, ¿cuáles son las líneas operacionales que en este momento desarrolla El Espectáculo

Hemos venido afirmando que éste se presentará como salvador de sí mismo – y es su única opción -, blanqueando sus crímenes pasados y vendiendo seguridad a cambio de aislamiento y renuncia a la libertad. Las clases realmente dirigentes ya aceptan abiertamente el colapso, no se oculta, y puesto que lo aceptan, la operación en marcha no sería otra que la de gestionar el caos de forma que puedan salvar su dominio el máximo tiempo posible. Para ello, es indispensable, tal y como se está produciendo de forma coordinada a nivel mundial, un control total de la población que debe aceptar como única la salida que el Espectáculo le ofrece. 

Agotada la economía y el sueño de una vida de riquezas, el sistema que nos hizo creer que todos podríamos ser propietarios, se adentra en una nueva metamorfosis en la que plantea hacernos creer que sólo a través de él podremos salvarnos del colapso de la biosfera. Aquí su problema será: ¿cómo presentarse como salvador allí donde sus acólitos estatales no puedan garantizar un mínimo de seguridad y alimento?

 

FUENTE: Boletín Silencio

Enlaces relacionados / Fuente: 
https://www.boletinsilencio.com/2021/01/vacunas-la-gran-necesidad.html

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