Este es un relato de ciencia ficción, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia

 Por Javier Cortines

  • ¡Joder no he podido meterla en el hoyo! – exclamó el marqués de Vargas Llosa tras golpear con el palo de golf a la insumisa pelota.
  • Eso nos pasa a todos ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! – le dijo Juan Carlos I, con tan campechana y franca espontaneidad, que desconcertó al insigne peruano.

Luego, con una sonrisa de pícaro, de esas que lucen los que las han hecho gordas, el Emérito enseñó al golfista un “wasap” que le había enviado un amigo de Mónaco y que mostraba el desnudo de una joven despampanante, foto que llevaba al pie esta leyenda: Todo por la patria, todo por el Rey.

Ilustración del libro «Los Borbones en Pelota». En esta caricatura, atribuida a los hermanos Bécquer, aparece la Reina Isabel II cual súcubo desenfrenado, acompañada del clero y la aristocracia

Vargas puso cara de póquer, miró el rolex que llevaba en la muñeca y, con un ligero alzamiento de barbilla, se dirigió al Padre de Todos y de todo lo que nos pasa:

  • ¿Te gustaría tomar un Martini en la cafetería?
  • Por supuesto, lo que no podemos hacer es tomarlo debajo del agua ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

El laureado autor, que en los infames círculos de la izquierda se ha ganado “el toponímico” de “El lameculos de los norteamericanos” (1), se contuvo, cual adolescente que retiene el semen para no provocar crianza en su novia virgen (Dicen que entre los menores de 25 años está de moda el cunnilingus para evitar primerizos).

El peruano, que aborrece cualquier insinuación de llevar unas gotas de sangre indígena en las venas, acusó hinchazón en la yugular y, aunque tenía ganas de ovillar a su competidor “con el tropiezo que le produjo lo del proboscideo”, se tragó su espíritu de Erinia y le dijo con quebrada VOX:

  • Los años no pasan en balde. Hay días que me dan ganas de quemar todos los libros que he escrito y esparcir las cenizas por la Vía Láctea. Al final ¿De qué valen los honores que disfrutamos en vida si no podemos seguir gozando de ellos cuando nos lleva la parca?

El borbón se puso serio pues le desagradaba la más mínima alusión al joven Thanatos. Rápidamente cambió de tema y le dijo al nuevo Príncipe de las Letras:

  • ¿Por qué no cenamos los cuatro un día? Os invito a ti y a Isa al Lhardy (2). Allí ponen las croquetas más ricas de Madrid. Corina se chupaba los dedos. Además, allí me tratan muy bien. Me conocen desde la Revolución Francesa ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
  • Y tú ¿Te traes a Sofía o vienes con la otra? – disparó el marqués visiblemente irritado.
  • Detrás de un gran hombre, siempre hay una tía buena ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! – le espetó el heredero del generalísimo, cuya nieta comparte título y pedigrí con el ex candidato a la presidencia del Perú, quien fue derrotado estrepitosamente por Alberto Fujimori en las elecciones generales de 1990.

De repente sonó el móvil del Nobel y se escuchó la clara voz de Isa, la de las aterciopeladas palabras, y, cuando aún tenía una letra en la úvula (campanilla), le interrumpió dulcemente el peruano y le dijo:

  • El Rey nos acaba de invitar a cenar ¿Qué te parece el sábado?

Mientras Isa consultaba su apretada agenda, el Emérito susurró al oído al hombre que pudo reinar: “Sábado, sabadete, calzolcillo nuevo y polvete” ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

Llegó la noche del sábado y los cuatro se acomodaron en un apartado del primer piso del Lhardy. Mientras una elegante camarera les abría la carta (El Rey prefería servicio femenino), Juan Carlos se dirigió a ella y le dijo:

  • Antes de empezar con la pitanza trae de aperitivo unas croquetas de pollo y jamón. A los Borbón nos encantan.

Luego el Emérito golpeó con una cucharilla en una copa de cristal de Bohemia y preguntó:

  • ¿A que no sabéis que es peor que un líder de Podemos?

Ante el silencio del grupo el Emérito remató: ¡Un periodista! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!

A Isa, que le dolían las plantas de los pies de soportar tanta belleza, no le hacían mucha gracia los chistes del Rey, pero se reía con soltura, como si hubiera sido entrenada por Imelda Marcos.

Sigilosamente una mano de guante blanco encendió el botón del hilo musical y, cuando el cuarteto realizaba el primer brindis, se empezó a escuchar, a modo de regalo, esta archiconocida canción:

Si me das, yo también te doy

Mi amor

Bailamos hasta las diez

Hasta que duelan los pies

No lejos de allí, en un barrio perdido y sin nombre, la muerte olía a caballo y los miserables y los nadies (expresión de Galeano) se peleaban por coger un céntimo del suelo, en ese lugar donde se confunde el olor a vómito y a vino barato. En ese lugar donde Pandora había volcado la caja con brusquedad y el vacío, aterrador, era un agujero negro que se había tragado el alma. Donde ni rastro quedada de eso “que los que creen que están vivos” llaman Esperanza.


León Canales y Celia Guevara, Madrid 1978

-1- El cantautor y revolucionario chileno, León Canales (Exiliado en España durante la dictadura de Pinochet) se refería a Vargas Llosa con el apodo de “el lameculos de los norteamericanos”. León, con el que tuve una relación de décadas, era amigo, entre otros, de la hermana del Ché, Celia Guevara.

-2- El Lardhy, restaurante de alta cocina, fundado en 1839, está ubicado en la Carrera S. Jerónimo de Madrid, muy cerca de la Puerta del Sol.

 

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