Blanca Ruibal
Ingeniera Agrónoma. Coordinadora de Amigos de la Tierra


El consumo de carne y otros productos de origen animal ha crecido de forma desmesurada en las últimas décadas en los países ricos. La abundancia de carne barata en los mercados que ha hecho esto posible resulta muy cara para el medio ambiente y nuestra salud.

Actualmente más de una tercera parte de los cereales producidos en el mundo se usa para alimentar animales hacinados en naves industriales, en vez de alimentar directamente a las personas, a nivel mundial más del 40% de la tierra fértil se dedica a la ganadería. La expansión de la ganadería es también uno de los principales motores de deforestación. Algunos de los ecosistemas más valiosos y ricos en biodiversidad del planeta como el Amazonas están seriamente amenazados por la expansión del cultivo de soja. La enorme concentración de animales característica de esta industria genera grandes cantidades de residuos que provocan graves problemas de contaminación del agua y del suelo. Por ejemplo en Aragón y Cataluña “zona cero” de la industria porcina en Europa decenas de pueblos tienen problemas de acceso al agua. Además para mantener vivos a los animales en estas condiciones se les suministran grandes cantidades de antibióticos, la principal causa de la aparición de superbacterias resistentes a los tratamientos con antibióticos.

Este modelo de producción ganadera, cuyo objetivo es proporcionar productos homogéneos y baratos al mercado, expulsa del medio rural a la ganadería familiar, las razas autóctonas y los rebaños que mantienen limpios los montes y los caminos. En el plazo de 14 años (entre 1999 y 2013) cerraron unas 500 000 explotaciones ganaderas  en el Estado Español con graves consecuencias en cuanto a despoblación y manejo del paisaje.

Una transición dietética justa

Cada vez más gente es consciente de la necesidad de cambiar nuestra forma de producir, consumir o viajar para que nuestro estilo de vida sea acorde con los límites del planeta. También es imprescindible y urgente que cambiemos nuestra dieta. Consumir menos carne y otros productos de origen animal es una de las acciones individuales que más efecto pueden tener en cuanto a disminuir las emisiones y proteger la biodiversidad, el agua y el suelo. La responsabilidad no está repartida por igual, actualmente en Norteamérica y Europa se consume una cantidad de carne 8 veces mayor que en el África Subsahariana, de modo que es en los países ricos donde es necesaria una reducción sustancial de la demanda en los próximos años.  Las grandes empresas de la industria cárnica, como parte del entramado agroindustrial, acumulan una gran cantidad de negocio y de poder, eso también debe cambiar para que la producción ganadera deje de ser una amenaza para el medio ambiente y sea una fuente de empleo digno en el medio rural, alimentos sanos para las personas y cuidado del entorno. Para ello es imprescindible la acción colectiva. Los próximos días 27 y 28 de octubre se celebra en toda Europa los días por la buena alimentación, una oportunidad para decir alto y claro la agricultura y alimentación que queremos.

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