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¡Amonestad a aquellas que se rebelen, dejadlas solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen no os metáis más con ellas. Dios es excelso, grande (4,34). En estos versículos de El Corán han encontrado inspiración los radicales islamistas para la corrección de la mujer.

Por Javier Cortines
Entre los movimientos de liberación de la mujer que hubo en el siglo pasado, destacan las políticas progresistas y laicas que practicó en Irán la dinastía Pahlevi (1925-1979) que, -si no hubiera sido por la megalomanía y corrupción de su régimen-, podrían haber contagiado, por efecto dominó, (tal y como ocurrió con Nasser en Egipto), a una buena parte del mundo musulmán.

La reina Esmat, esposa del Sha Reza Pahlevi, inició esa revolución, que duró más de cincuenta años, con un gesto que incendió a los clérigos: se quitó el velo en la gran mezquita de la ciudad sagrada de Qom durante una ceremonia pública celebrada el 21 de marzo de 1928. Con ese desafío, la monarquía laica quiso anunciar el comienzo de “Una nueva Era”.

Así lo explica en su obra “La revolución Bajo el Velo” (Ed. Bellaterra, 1996) la iraní Fariba Adelkhah, reconocida antropóloga que actualmente desarrolla su labor en el Centro Internacional para la Investigación de Ciencias Sociales de París. Esta autora, nacida en Teherán en 1959, vive en Francia desde 1977, fecha en la que ya se preveía la caída del Shah.

Fariba Adelkhah, pensadora que busca el salto a la modernidad de la mujer iraní sin copiar los cánones occidentales

El intento de “desnudar el rostro de la mujer” -enfatiza Fariba- produjo una reacción inmediata de los imanes de todo Irán, que movilizaron a las masas, sobre todo de las zonas rurales, (más tradicionales) en contra de la emancipación de la mujer.

Eso no amedrentó al Shah (1925-1941), quien a principios de 1936, ocho años después del suceso de Qom, alentó a su esposa y a sus hijas a que aparecieran en público sin velo y vestidas con las prendas que más les gustase.

Al año siguiente, el 7 de enero de 1937, se Declaró el Día de las Mujeres, y poco después, en 1938, se permitió a las chicas, por primera vez en la historia, estudiar con los chicos en la universidad. Durante el reinado de Reza Pahlevi, que se convirtió en la mayor pesadilla de las mezquitas, las mujeres empezaron a ocupar cargos públicos de responsabilidad en todos los ámbitos de la sociedad.

Mohammad Reza Shah (1941-1979) prosiguió (sin abandonar el lujo faraónico) las reformas laicas de su padre para evitar que en el futuro se impusiera una “teocracia feudal” en Irán. El 27 de enero de 1963 se aprobaron varias leyes para acabar con la discriminación de la mujer.

La revolución de “los infieles” fue aprovechada por el ayatolá Jomeini (1902-1989) -primero exiliado en Irak y luego en Francia- para levantar al pueblo contra el gobierno corrupto (esa acusación era más que cierta) que “ignoraba los mandatos de Dios”. Las movilizaciones populares acabaron con el derrocamiento del Shah el 16 de enero de 1979.

Adelkhah subraya que “las mujeres fueron las primeras en enfrentarse a un intento de islamización basado en la cuestión del ‘hiyab’ (el velo)” y “que la revolución alcanzó a todos y a todo” (…) “No sólo se obligaba a las mujeres a llevar ‘el yihab’, sino que se prohibieron muchas prendas, incluyendo ropa interior, que no eran del agrado de los clérigos”, dice.

Añade que “se atacó e insultó a las mujeres que seguían llevando medias de colores y transparentes, y sólo se las autorizó el uso de medias gruesas que ocultaban totalmente la piel”.

En todas partes se veían pintadas -continúa- que daban a elegir “entre el velo y el palo” (rusari ya tusari). Otras consignas célebres -prosigue- eran “¿Por qué vais desnudas como los animales?”; “El hombre cuya esposa no lleva ‘hiyab’, no tiene honor”; “Estar sin ‘hiyab’ es la mayor esclavitud intelectual de la mujer”; “Abajo la mujer sin ‘hiyab’, el velo o el palo”.

En esa época se hizo célebre una sentencia del “sabio” Motahhari. Dice así:

El hombre ha sido creado para conquistar el mundo, la mujer para conquistar al hombre.

Durante mucho tiempo las patrullas de los Guardianes de la Revolución Islámica, denominadas “Sar Allah” (Venganza de Dios) tuvieron luz verde para detener a cualquier persona sospechosa de relajación religiosa.

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