En nuestra cosmopolita urgencia por consumir la vida, envueltos en
la dinámica de escoger a los preferidos entre diferentes géneros
musicales de todas las épocas, cuando hacemos referencia al
cantautor Víctor Jara –asesinado por el fascismo hace hoy 47 años–
detenemos en seco semejante andar para meditar, respetuosamente, en
torno a la vigencia de su legado.

El hecho de haber recibido 44 disparos en su cuerpo, dos en la
cabeza, seis en las piernas, 14 en los brazos y 22 en la espalda,
además de que le cortaran la lengua y le destrozaran las manos a
culatazos, revelan el grado de odio del fascismo contra este artista,
nacido de las mismas entrañas del pueblo chileno.

Sus canciones, matizadas por un arraigado compromiso social,
hablan de realidades no solo presentes en su país, sino en muchos
del continente donde calamidades como el hambre, la miseria y la
represión evidencian cicatrices que permanecen abiertas para saciar
la voracidad del imperio. Escuchar ahora mismo a Víctor Jara en la
canción Plegaria a un labrador, no puede menos que dejarnos
conmovidos por la hondura del humanismo de un profeta para días como
estos, mientras que en Zamba del Che comulga con idénticas razones
por las que aquel entregara su vida a favor de una causa justa.

Otras expresan su pasión solidaria por conflictos en lejanas
regiones, como El derecho de vivir en paz, dedicada a la lucha del
heroico pueblo vietnamita en contra del ejército invasor
estadounidense, canción que, a propósito, en cada aniversario del
lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima, es interpretada en
japonés por un coro de dicha ciudad asiática. Esta merecida
expansión de la amplitud de su obra, que los asesinos no se podían
ni imaginar, ha llegado hasta una figura mediática del rock como
Bruce Springsteen, quien durante un concierto de hace siete años, en
el propio Santiago de Chile, cantó en español, como para que nadie
dudara de su compromiso con el autor, nada menos que la emblemática
Manifiesto, una de las piezas en donde Jara conceptualiza el matiz de
su ideología progresista. Sin embargo, su canción más universal es
Te recuerdo, Amanda, hermosa historia de amor que ha sido honrada por
personalidades del rango de Silvio Rodríguez; de Joan Manuel Serrat,
con la agrupación Presuntos implicados, además del cantante
flamenco José Mercé, y por alguien dueña de un poderoso cantar
como el de Mercedes Sosa.

A la obra de Víctor Jara se le puede encontrar resguardada en la
inmensidad de nuestras almas, donde protegemos todo aquello que nos
resulta verdaderamente valioso, pero nos pide estar alertas, porque
continúa al acecho un peligroso enemigo, el que le sesgara la vida,
el mismo de siempre.

Fuente:
http://www.granma.cu/cultura/2020-09-15/victor-jara-y-el-mismo-enemigo-al-acecho-15-09-2020-22-09-10