Las Sociedades Cotizadas Anónimas de Inversión en el Mercado Inmobiliario (Socimis) son la versión española de los Reit, un vehículo de inversión nacido en Estados Unidos en la década de los 60 y que posteriormente se trasladó a Europa. Estas sociedades permiten a los fondos inmobiliarios acaparar miles de viviendas y especular con los alquileres de estas sin pagar impuestos.

Lo ilógica permisibilidad del régimen fiscal de las socimis impulsado a partir de 2013 tiene su hito más destacado en la gigantesca cartera de activos que estas inmobiliarias han amasado en pocos años. Las cuatro mayores grandes cotizadas ya acumulan propiedades, en poco más de tres o cuatro años de actividad, por valor de casi 30.000 millones de euros.

El reglamento de estas sociedades cotizadas de inversión en el mercado inmobiliario fue impulsada por el entonces ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, otorgando un régimen fiscal propio para que estas inmobiliarias estuviesen exentas de pagar el impuesto de sociedades a cambio de obligaciones como tener que repartir al menos el 80% del dividendo (que sí tributa) y estar en Bolsa, lo que garantiza su transparencia, entre otros requerimientos.

Optimum es una de las 70 Socimi que han entrado en la Bolsa en los últimos 5 años. Jame Palomera, miembro del Sindicat Llogaters, ha anunciado en la red social Twitter que en la lucha contra Goliat, ha salido victorioso David. «¡Víctoria histórica!«, es como lo calificó.

«Una Socimi compró dos bloques en el centro de Barcelona. Objetivo: echar a los vecinos. Hoy, tras meses de lucha, anunciamos que han renovado su alquiler sin subidas«, indicó Palomera.

En el 2015, Optimus Re compró dos fincas de la calle del Carme, las de los números 23 y 106. No puso ni un euro en el mantenimiento de la finca y envió la batería de burofax a los vecinos con contrato temporal de arrendamiento para que supieran que, una vez extinguidos, tenían que devolver las llaves al administrador o enfrentrarse a acciones legales.

Hace un año y medio, el Sindicat de Llogaters presentó lo que sus dirigentes calificaron como una campaña, bautizada como ‘Nos quedamos’ y lograron a través de la negociación en bloque, algo común en el mundo laboral, trasladada al universo del alquiler, pero incluso recurriendo a la insumisión ante las subidas abusivas si fuera necesario.

Sus contratos han sido renovados, es cierto que por el mínimo que establece esa ley impulsada por la pepera Ana Pastor, tres años, pero es un precedente a tener en cuenta.

«No hay nada que hacer, nos decían. ¡Se equivocaban! La valentía y la persistencia de los vecinos ha dado sus frutos«, indica Palomera. «Se plantaron, se unieron al y al , y dejaron claro que no se iban. No solo eso, sino que pusieron una denuncia pionera por acoso inmobiliario, y el ayuntamiento empezó los trámites para abrir un expediente a la empresa. Las familias del Carrer del Carme perdieron el miedo. Denunciaron públicamente a la empresa, fueron a su sede, y le dejaron claro que no se iban a ninguna parte», señala.

«Exigían una negociación colectiva. Innovaban, importando un concepto del mundo del trabajo al de la viviendaTras meses de lucha, han conseguido lo que nos decían que era imposible: seguirán en sus casas, en su barrio, y pagando lo mismo«, sentencia Palomero.

1.000 hogares que han desobedecido la Ley de Arrendamientos, logrando una victoria sin precedentes contra el sistema capitalista. Han creado un hito y han sido ejemplo de lucha.

Todos ellos formaron un David, y han sido imparables