Unos simpáticos balancines de color rosa fluorescente han cambiado por unos momentos la cara real de la valla fronteriza a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, el muro de Trump, para cerrar simbólicamente la brecha y alentar a los niños y adultos a jugar.

Instalados a lo largo de la valla fronteriza de acero que está en las afueras de El Paso (Texas) y Ciudad Juárez (México), los balancines son una idea de Ronald Rael, profesor de arquitectura en la Universidad de California, y Virginia San Fratello, profesora asociada de diseño en la Universidad Estatal de San José, a quien se le ocurrió el concepto hace 10 años.

La política de mano dura de Donald Trump contra los migrantes que intentan saltar la valla le convenció de que era el momento.

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