Artículo original de The Intercept traducido por Eulixe
Esta crisis, al igual que otras ya pasadas, podría ser el catalizador para hacer llover recursos ante las demandas de los más ricos, incluyendo a los más responsables de nuestras vulnerabilidades actuales, eliminando las necesidades de la mayoría de los trabajadores y arrasando con los ahorros de las familias y las pequeñas empresas.

Me he pasado dos décadas estudiando las transformaciones que tienen lugar al amparo del desastre. He aprendido que hay algo de lo que podemos estar seguros: es durante los momentos de transición de proporciones cataclísmicas cuando lo que antes era inimaginable se vuelve, de repente, real. En las últimas décadas ese cambio ha ido generalmente a peor, pero no siempre ha sido así. Y no tiene por qué seguir siéndolo en el futuro.

Este vídeo trata sobre las formas en las que la actual crisis de la COVID-19 ya está transformando nuestra concepción de lo posible. La administración de Trump y otros gobiernos en todo el mundo están explotando activamente la crisis para promover rescates financieros exentos de condiciones para empresas, así como desmantelamientos de marcos reguladores. Steven Munchin, el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, está haciendo campaña para derogar las regulaciones financieras que se implementaron tras el último gran colapso financiero, como parte de la Ley Dodd-Frank de 2010. Por su parte, China parece tener toda la intención de relajar su normativa medioambiental para estimular su economía, lo que eliminaría el único beneficio importante que la crisis ha tenido hasta ahora: un descenso significativo de la letal contaminación atmosférica del país.

Pero eso no es todo. En EE.UU. también hemos visto cómo la organización a nivel local y estatal ha obtenido importantes victorias a la hora de suspender desahucios durante la pandemia. Irlanda ha anunciado prestaciones de desempleo de urgencia de seis semanas para todos los trabajadores que se hayan quedado de golpe sin trabajo, incluyendo a los autónomos. Y, a pesar de que Joe Biden, el candidato presidencial a los EE. UU., afirmase durante un debate reciente que la pandemia no tiene nada que ver con tener Medicare para Todos, muchos estadounidenses se están dando cuenta de repente de que la ausencia de una red de seguridad eficaz exacerba las vulnerabilidades frente al virus en múltiples ámbitos.