Para muchos medios de comunicación occidentales, el coronavirus era una amenaza de primer orden cuando solo afectaba a China, pero a medida que ha ido extendiéndose a Europa y América, su tono y enfoque se ha suavizado notablemente. Así hemos pasado de estar ante un virus de extrema gravedad y comparado con el ébola, a una simple gripe que se pasa con paracetamol.

Han creado un verdadero monstruo mediático retorciendo la verdad sin piedad y experimentando con exageraciones, supuestos secretos y mentiras descaradas. Ahora que el monstruo ha llegado a nuestras costas, inevitablemente surge la pregunta: ¿cómo nos vamos a defender de él? ¿O quizás ya no es necesario?

Pero la manipulación mediática sobre la crisis de Wuhan también se ha extendido al ámbito de la política, con continuas críticas al sistema chino y a sus medidas de cuarentena, tachadas de antidemocráticas pese a sus crecientes éxitos a la hora de salvaguardar la salud de los más vulnerables. De hecho, gracias a estos esfuerzos en la lucha por contener la epidemia, en estos momentos el país con más contagiados por habitante no es China, sino Corea del Sur.

La situación de los surcoreanos, al igual que la de países de Europa como Italia, demuestra que la expansión del virus por el mundo continúa completamente al margen de los sistemas de gobierno y del color de los partidos gobernantes. Cada vez está más claro que lo único que hace retroceder al coronavirus son las medidas de prevención y contención, pero no todos los países parecen dispuestos a pagar su algo coste económico.