La represión en Bolivia no conoce límites y se están superando límites que atentan contra la ética, el respeto y la moral. La Policía reprimió con gases lacrimógenos una marcha masiva de vecinos de El Alto que llevaron hasta el centro de La Paz los restos de varias víctimas de una reciente operación policial-militar y exigían la renuncia de la presidenta autoproclamada Jeanine Áñez.

La marcha había partido poco antes del mediodía desde la región de Senkata, en El Alto, donde las fuerzas gubernamentales irrumpieron el 19 de noviembre para romper un bloqueo vecinal a una planta de combustibles. Los manifestantes llevaban al menos cuatro féretros a bordo de camionetas cuando se encontraron con un cordón policial-militar que les impidió el paso en la Plaza del Obelisco.

Manifestantes y policías dialogaban cuando se produjo un ataque policial con gases lacrimógenos por sorpresa, que se expandieron en un área de al menos 500 metros a la redonda, según relatos de radios locales.

El las fotografías añadidas a este artículo puede comprobarse como los ciudadanos tuvieron que dejar los ataúdes en el suelo para poder huir de los efectos de los gases lacrimógenos.

Los organizadores de la protesta pacífica habían anunciado que la marcha debía dar una vuelta por el centro paceño y terminar en una concentración en la Plaza de San Francisco, sitio tradicional de actos políticos.

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