Para los 4,1 millones de trabajadores de la industria de la confección de Bangladesh, sus ingresos derivados de la costura de ropa para clientes, que incluyen algunas de las empresas de moda más grandes del mundo, como es el caso de Inditex, son imprescindibles para su superviviencia, pero Inditex ha confundido la mano de obra barata con la explotación.

Sin embargo, el Centro para los Derechos Globales de los Trabajadores y el Consorcio de Derechos de los Trabajadores de la Universidad Penn State denuncian que las empresas del textil están cancelando pedidos y aprovechando la situación para eliminar contratos incómodos.

Lo que denuncian los propios trabajadores de fábricas que producen para Inditex en Myanmar. La fábrica está usando la excusa del coronavirus para despedir a los trabajadores sindicado y manteniendo a todos los trabajadores no sindicales. Han despedido a 300 sindicados y contratado a nuevos trabajadores.

«Los trabajadores de Zara en Myanmar manifestando contra la marca despidiendo 300 miembros de la union en Rui-Ning factory, utilizando Covid como una excusa», denuncia el organizador laboral en Asia Andrew Tillett-Saks. «Gran Don Amancio, ¡¿así se trata tus empleados que te han hecho toda tu plata!?», se pregunta.

«Abusador, no campeón de la crisis», sentencia Tillett-Saks.

Las multinacionales no pueden abandonar a estos trabajadores

Un informe de Penn State y el WRC encontró que el 58% de los proveedores de ropa de Bangladesh dijeron que tenían que detener la mayoría o todas sus operaciones debido a cancelaciones de pedidos o falta de pago. Se basó en las respuestas de 316 proveedores, cada uno de los cuales puede ser propietario de varias fábricas, que completaron una encuesta en línea entre el 21 y el 25 de marzo. Informaron que cuando los compradores cancelaban pedidos, alrededor del 72% se negaba a cubrir los costos de las materias primas.

Rubana Huq, presidente de BGMEA, Bangladesh Garment Manufacturers and Exporters Association, ha hecho un llamado a las compañías internacionales para que apoyen a la industria y no abandonen a estos trabajadores y trabajadoras.

«El impacto inmediato sobre los trabajadores y sus familias será devastador», dijo Mark Anner, director del Centro para los Derechos Globales de los Trabajadores.