El pasado jueves durante el mitin del candidato demócrata a la presidencia, Bernie Sanders, un hombre exhibió una bandera nazi en clara ofensa contra los seguidores del político y del propio Sanders, quien es de origen judío y cuya familia fue asesinada en el Holocausto.

Poco después de que el senador subiera al escenario para comenzar su discurso, los vítores de sus seguidores se transformaban en abucheos al ver al hombre agitando la esvástica.

Rápidamente el personal de seguridad se llevó detenido al hombre y los partidarios del Sanders tuitearon fotos y vídeos de la insignia pisoteada, después de arrancársela. El momento fue denunciado como un acto de antisemitismo y provocó una mayor preocupación por la seguridad de Sanders en la campaña.

«Que alguien en Estados Unidos exhiba el peor símbolo de la historia moderna, después de que 400.000 estadounidenses valientes murieron para derrotarlo, es indescriptible», dijo el candidato en una rueda de prensa, en la que calificó los hechos de «atroces» y explicó que no se había dado cuenta de lo que estaba pasando durante su discurso y que fue informado al bajar del escenario.

La Liga Anti-Difamación, una organización que lucha contra el antisemitismo, informó posteriormente que se identificó al manifestante como Robert Sterkeson, un residente de Arizona, conocido por haber «acosado» a diferentes asociaciones judías y musulmanas.

“No me importa quién apoya a quién. Pero los ataques contra el hombre que podría ser el primer presidente judío estadounidense son repugnantes. El odio y la intolerancia no tienen lugar en Estados Unidos”, publicaba en Twitter Joe Binden, el rival político de Sanders.

Otros citaron el incidente como una prueba más de que se debería proporcionar seguridad adicional, como agentes del Servicio Secreto, a los candidatos presidenciales. Días antes Jill Biden ayudó a bloquear a los manifestantes veganos que subieron al escenario con pancartas y se acercaron a pocos metros de su marido, el ex vicepresidente y contendiente presidencial Joe Biden.

Mientras tanto el Servicio Secreto rechazaba las críticas e indicaba que los candidatos deben solicitar formalmente la protección del Servicio Secreto a través del Departamento de Seguridad Nacional y ninguno lo ha hecho todavía.

«La Agencia está totalmente preparada para ejecutar esta misión vital y cualquier sugerencia en sentido contrario genera una preocupación pública infundada y tergiversa irresponsablemente la habilidad y la profesionalidad de nuestra fuerza laboral», dijo el comunicado.