Vila-roja es uno de los barrios más deprimidos de Girona y también el que menos sintoniza con el discurso independentista que abraza la mayoría de la ciudad, de la que fue alcalde Carles Puigdemont antes de llegar al Palau de la Generalitat.

En las elecciones del 21 de diciembre de 2017, un 76,24 % de los vecinos censados en estas calles empinadas de la capital gerundense depositaron su voto en las urnas, y la formación que obtuvo más apoyos fue Ciudadanos con un 47,5 %, seguida del PSC con un 25,58 %.

ERC y JxCat obtuvieron aquí unos exiguos 7,31 y 6,9 por ciento, respectivamente, pero es que, ya en 2015, los socialistas fueron la fuerza ganadora con un 32,32 %, seguidos de Cs con un 24,82 % y del PP con un 15,15 %.

Por contra, en el global de la ciudad de Girona, JxCat fue la opción más votada en las elecciones del 21D de 2017 -convocadas en aplicación del artículo 155 de la Constitución- con un 36,85 por ciento de los votos, muy por encima del 19,72 por ciento de Cs.

La lista que lideró entonces Carles Puigdemont, junto a la de ERC (18,65 %) y la de la CUP (6,66 %), dieron al independentismo un claro triunfo, con un total de 62,12 % de los sufragios.

En la provincia, JxCat fue también la candidatura ganadora con un 36,69 %, seguida de ERC (21,70 %), con cuyos votos y los de la CUP (5,31 %) el bloque partidario de la independencia llegaba al 63,7 %.

El presidente de la Asociación de Vecinos de Vila-roja, Tomás Cepas, atiende a Efe en la plaza Pablo Ruiz Picasso y recorre las calles del barrio, en el que, en contraste con los lazos amarillos del centro de la ciudad, hay colgadas banderas rojigualdas y catalanas, además de una pancarta donde se lee: “Bienvenido a España”.

Cepas se queja del abandono por parte de las administraciones y apuesta esta vez por una victoria socialista en este área del extrarradio de Girona.

“Aquí no habrá voto mayoritario independentista”, asegura Cepas, que espera que sus vecinos respalden a alguien que vele por los “intereses de España”.

El presidente de la asociación de vecinos admite que “en el centro” de Girona “piensan diferente”, pero recuerda que la ciudad era no hace muchos años -antes de la etapa de Puigdemont como alcalde- un feudo socialista.

David Álvarez

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