Claudia Pradas 

Hoy es 25 de noviembre, el «Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer» y, por ello, considero preciso hablar de todas las formas de violencia a las que estamos sometidas día tras día. De lo contrario, volvemos a correr el riesgo de caer en el olvido y seguir sufriendo todo tipo de abusos en silencio.  

Definimos la violencia de género como cualquier acto que atente contra la integridad física, psicológica, económica o social de las mujeres por el mero hecho de serlo. Sin embargo, a pesar de esta clara y contundente definición, seguimos batallando para que se visibilice este desgarrador problema.  Ya sea luchando para que los medios de comunicación dejen de lado los titulares confusos o bien saliendo a las calles para que la justicia nos ampare, parece ser que nuestra voz se ve mitigada una y otra vez.  

Las mujeres no ocupamos el espacio público en el ideario social y este fenómeno se ve agudizado por el auge de las redes sociales y el creciente número de usuarios en ellas. Como no puede ser de otra manera, también sufrimos violencia en ese ámbito en forma de insultos, acoso e incluso amenazas que pueden llegar a traspasar la pantalla. Tal y como María Ángeles Blanco Ruiz afirma en su reciente estudio, “el uso de las redes sociales no solo tiene implicaciones comunicativas, sino que también influye en las relaciones que se establecen vinculadas al género, a la sexualidad y a la identidad”.  

De hecho, en las mismas redes sociales, podemos observar cómo se reproducen ciertos roles asociados a la violencia de género. Un claro ejemplo es que el 72% de las mujeres de una muestra encuestada recientemente afirmaba haber sufrido acoso por las redes sociales por el mero hecho de ser mujer. Esta misma encuesta mostraba que el 77% de la muestra creía que las redes sociales fomentan el acoso y la violencia de género.  

Como bien he mencionado anteriormente, los hombres se apoderan del ámbito público y el hecho de que las redes sociales sea un hervidero de actividad indistintamente del género, supone un punto de tensión en el que muchos optan por el acoso y los insultos. ¿Cuál es nuestra verdadera responsabilidad en este caso? En primer lugar, y en relación con toda la sociedad, aceptar que este fenómeno ocurre: que la violencia de género tiene muchas formas y síntomas y que muchas personas sufren en silencio por creer que lo que les está ocurriendo “es normal” o “no es grave”.  

En segundo lugar, y como colectivo de mujeres, es importante ejercer nuestro derecho a estar, a ser y a vivir en paz en cualquier medio que decidamos, sin tener miedo a ser linchadas una vez más por nuestro género. Un importante sector político y social quiere controlar nuestra manera de vestir, de engendrar, de comportarnos en privado y ahora también cómo decidimos exponernos al público.  

Sin embargo, no todo está perdido: podemos utilizar las redes sociales como una potente arma para alzar la voz y denunciar las situaciones injustas que seguimos viviendo hoy en día. Volviendo a mencionar la encuesta anterior, el 92% de los y las encuestadas cree que las redes sociales son un buen instrumento para divulgar y denunciar la violencia de género.  

Este año está finalizando con una larga lista de víctimas de abusos, agresiones y asesinatos por simplemente ser mujeres. Si hay algo que debemos recordar y reflexionar después de leer esto, es cuál puede ser nuestra aportación, nuestro particular granito de arena, para poder frenar la negra lacra de la violencia de género