Hoy, como ayer, soplan vientos de lucha contra la lógica capitalista que antepone los beneficios privados a los derechos de las personas.

Las farmacéuticas convierten las vacunas en negocio financiado con dinero público, los fondos de inversión exprimen la rentabilidad de un bien de primera necesidad como la vivienda, Iberdrola y Endesa aumentan sus beneficios 36% en plena pandemia, la Banca sigue abusando gracias al poder judicial, trabajar no excluye de la pobreza, debido a reformas laborales que despojan al empleo de dignidad y de derechos, la protesta se reprime mediante leyes “mordaza” o el código penal.

Este tres de marzo, seguimos exigiendo verdad, justicia, y que el PROYECTO DE LEY DE MEMORIA HISTÓRICA suprima los obstáculos legales que amparan la impunidad e impiden juzgar los crímenes del franquismo. Al mismo tiempo, es importante que comprendamos cómo fue posible que más de seis mil trabajadores mantuviéramos una huelga de dos meses contra viento y marea.

Dice BENEDETTI que “los olvidos están llenos de memoria”. La muerte de JESÚS NAVES, trabajador de Mevosa entonces, y uno de los principales dirigentes de aquella huelga, nos recuerda que lo esencial del 3 de marzo fue la capacidad de forjar una dirección conjunta de las fábricas en lucha, y hacernos conscientes del enfrentamiento directo, de poder a poder, con la patronal como clase, y con todo el entramado legal, institucional, mediático, y policial, a su servicio. Por eso, despidos y detenciones eran cosa de todas, y cada día de huelga una lección, y esa conciencia de clase explica que nos golpearan, nos despidieran, nos detuvieran, y al final nos asesinaran, pero no pudieran frenar una lucha que conquistó libertades ejerciéndolas, obligó a negociar a los empresarios y admitir a los representantes elegidos en asamblea, y aceleró los procesos hacia la democracia al poner en evidencia la imposibilidad de la reforma franquista.

No evitó, sin embargo, una transición pactada con los franquistas que aún hoy estamos pagando. En el otoño del 77 se firmaban los Pactos de la Moncloa, básicamente un tope salarial, a cambio de promesas que nunca se cumplieron, poco después la Ley de Amnistía que amparaba la impunidad y la injusticia, y más tarde una constitución en la que la monarquía, el ejército, la iglesia y el capital blindaban sus intereses.

Estos días, INSTITUCIONES PÚBLICAS y OBISPADO han anunciado un acuerdo para que la IGLESIA DE SAN FRANCISCO recoja la memoria del 3 de marzo. Es pronto para valorarlo, pero difiero de MEMORIA GARA que propone compartir este centro con otras vulneraciones de derechos humanos, porque el 3 de marzo es mucho más, y porque habría confusión y competencia con espacios similares, como el INSTITUTO DE LA MEMORIA GOGORA, o el CENTRO NACIONAL PARA LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO, aunque ahora sea excluyente, incluso con el MUSEO DE MEMORIA HISTÓRICA que proponela PLATAFORMA VASCA CONTRA LOS CRÍMENES DEL FRANQUISMO. Si sería positivo, sin embargo, reivindicarlo para enhebrar recuerdos tejiendo una MEMORIA DE LA CLASE TRABAJADORA, antifranquista y anticapitalista, en cuya gestión participen también las organizaciones sindicales, y que sirva para responder a interrogantes del presente, y generar proyectos y expectativas de futuro.

El pasado 30 de enero, en Gasteiz, fueron miles las personas que respondieron a un llamamiento de unidad de acción, realizado por más de 50 Comités de Empresa, y organizaciones sociales, juveniles, feministas, o sindicales; de la industria, sanidad, educación infantil, socorristas, hostelería, pensionistas, o residencias, en defensa de empleo con derechos, pensiones mínimas suficientes, o de suprimir la brecha de género. En el Estado, más de 70 organizaciones sociales y sindicales, y todos los grupos parlamentarios que sostienen al gobierno estatal, salvo PSOE-PNV, se han unido recientemente para conseguir una LEY DE VIVIENDA ESTATAL que no responda al dictado de la Banca y Fondos Buitre, y regule los alquileres especulativos. Es el camino, organizarse y unificar las luchas, y darles una perspectiva política, entendiendo la acción diaria como parte de una lucha más amplia por la transformación socialista de la sociedad.

Es cierto que capitalistas y banqueros dirigen a placer las instituciones europeas, financian con dinero público la especulación y el fraude, y atacan de raíz derechos que han costado sangre, sudor, y lágrimas conseguir, pero la clase trabajadora seguimos ocupando la centralidad social y económica, y la historia enseña que podemos ocupar también la centralidad política, impulsando cambios profundos en la sociedad.

Los próximos años serán decisivos, y elevarán a un primer plano la necesidad de trabajar menos para trabajar todas las personas, de luchar contra las privatizaciones a favor de lo público, en la sanidad, en la dependencia, en los cuidados, o en las pensiones, y de luchar para expropiar los recursos financieros y los principales medios de producción, para planificarlos y ponerlos al servicio de la sociedad.


José Arturo Val del Olmo. Miembro de las CCRR de fábricas en lucha del 3 de marzo de 1976. Autor del libro «3 de marzo. Una lucha inacabada».

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