Jaime Martínez
Coordinador de IU Berlín y candidato a las Cortes de Castilla y León por Palencia


Una de las frases que se suele oír entre personas que han emigrado desde áreas rurales o pequeñas capitales de provincia, bien hacia las grandes ciudades del país o hacia otros países es «No me podría volver», «Sería un fracaso» o «Sería como volver atrás».

Nos han enseñado desde pequeños a quienes, como yo, hemos nacido en una pequeña ciudad de provincias, altamente despoblada y envejecida, que nuestro futuro casi con toda seguridad estará fuera de casa y fundamentalmente en una gran ciudad: Madrid, Barcelona, Londres, París… Esto en parte es verdad: el modelo neoliberal de desarrollo económico favorece la constitución de grandes urbes en detrimento de áreas ampliamente despobladas, que empiezan a vaciarse por los pequeños municipios y acaban por las capitales de tamaño pequeño o mediano.

El 30 de marzo se manifestaba en Madrid la «España Vaciada», reivindicando un futuro para comarcas que no entran dentro de la planificación de los gobiernos a la hora de dotarlas de servicios o infraestructuras, una marginación que complica la vida en los pueblos: dificultades para desplazarse, falta de conectividad, centros de salud o educativos a grandes distancias…, una realidad que ningún padre ni ninguna madre desean para sus hijos en el futuro. De ahí, la cultura y la educación transmitida de generación en generación de que lo mejor es buscar un futuro lejos de donde naciste.

Es un hito en sí mismo que la manifestación del 30 de marzo fuera de la «España Vaciada» y no de la «España Vacía», porque muestra la toma de conciencia de las personas que la habitan, de que son ciudadanía que están siendo discriminada intencionadamente frente a otra. Esa toma de conciencia es a su vez es un síntoma de que hay interés por quienes habitan estas tierras en romper con el halo de pesadumbre, pesimismo y abandono que favorecen las marchas sin retorno de la población.

Decía Virginia Hernández, alcaldesa de San Pelayo, pueblo de 51 habitantes en los Montes Torozos, en un foro sobre emigración, despoblación y retorno en Bruselas organizado por IU Exterior: «nos han grabado a fuego que lo urbano es lo moderno y lo rural lo no moderno […] Es muy importante dignificar la vida de los pueblos». Igualmente un compañero de Aguilar de Campoo, pueblo de casi 7.000 habitantes en la Montaña Palentina, comentaba que había conocido gente que tras irse a una ciudad grande y tener que regresar al pueblo por su situación laboral o vital, no habían salido de casa en parte por la vergüenza y el sentimiento de fracaso al tener que regresar.

¿Por qué este sentimiento de fracaso? Porque hay una planificación de marketing, propaganda y una cultura heredada de que, como decía Virgnia «lo urbano es lo moderno». Por eso, a la hora de tratar de favorecer políticas de fomento del retorno de la población, especialmente a áreas en proceso de despoblación, además de medidas tan importantes como la conectividad 4G y banda ancha, un tren de Cercanías o Media Distancia que vertebre el territorio o el mantenimiento de servicios sanitarios o educativos, es fundamental tratar el aspecto cultural y psicológico.

María Martínez participa en el proyecto «Volviendo al Campo» desarrollado en pueblos de Palencia y Burgos, un proyecto que dota a jóvenes de los conocimientos necesarios para vivir en el medio rural, pero no solo. En una visita al proyecto de la diputada Eva García Sempere (de Izquierda Unida dentro de Unidos Podemos), María comentaba: «Una de las cosas que más me gusta de este proyecto es que de repente se quita ese estigma de gente que no tiene nada […] todos tenemos algo, tenemos nuestras propias capacidades, tenemos algo que sumar y aportar a la actividad, grupo o proyecto».

Este aspecto también es uno de los pilares que la Highlands and Islands Enterprise ha trabajado en para fomentar la repoblación en un área demomográficamente deprimida (el norte de Escocia): «es imprescindible incorporar los aspectos psicológicos y culturales a la estrategia del nuevo desarrollo rural […] En ese ámbito resultan muy relevantes las representaciones que durante muchas décadas se han difundido de la vida en el medio rural y que han incidido muy negativamente en las actitudes de la población (especialmente de la baja consideración de la propia población rural hacia sí misma)».

Por todo ello, es una tarea colectiva modificar el concepto que tenemos de vida en el medio rural, rompiendo con el paradigma capitalista y neoliberal que presenta el pueblo como un lugar atrasado, un imaginario apuntalado por políticos y grandes empresarios que solo miden a los pueblos en términos de rentabilidad. Además de las citadas medidas para mejorar las condiciones materiales y vitales de la gente de los pueblos, es necesario unos planes de propaganda y resignificación del medio rural como lugar de futuro por parte de las administraciones, así como asesoramiento y acompañamiento para un retorno de población como los realizados por, por ejemplo, «Volviendo al Campo» y, finalmente, el fomento de la cultura de acogida entre la población local. Romper esquemas mentales que se han construido durante tantos años no va a ser fácil, pero hay una España Vaciada que ha levantado la voz y una emigración que quiere retornar.