En general, los votantes han relatado los mismos hechos, pero desde una perspectiva muy distinta a la que tienen policías y guardias civiles: si éstos dijeron que los manifestantes les impedían la entrada a los centros de votación ejerciendo una resistencia activa, colocándose estratégicamente para ello –sentados o con los brazos entrelazados–, los votantes afirman que estaban ejerciendo su derecho a manifestarse; si los agentes aseguran que utilizaron la mínima fuerza imprescindible sin sacar las defensas reglamentarias la mayoría de las veces, la otra parte habla de palizas y porrazos; si los primeros califican de acoso el seguimiento de los votantes cuando se marchaban con las urnas y el material electoral, los segundos sólo consideran que les «acompañaban».

Así han transcurrido los testimonios de votantes del 1-O en esta jornada del juicio, dando su versión primero sobre lo que vieron en los colegios catalanes, y luego contestando a los fiscales, la abogada del Estado y la acusación popular, que han tratado de exponer esas contradicciones entre una y otra versión.

«Empezaron a sacar gente, me cogieron dos policías y rápidamente me llevaron al otro lado. Vi golpes y a gente a la que cogían por el pelo. Estuvieron sacando a la gente de forma bastante violenta y entraron dentro», ha explicado el primer testigo de la mañana, Santiago Valls, quien ha asegurado que los manifestantes «en ningún momento» agredieron a los policías.

Esto contradice la versión de los propios agentes. Decenas de ellos ya han declarado en el juicio y prácticamente todos han hablado de patadas y golpes provenientes de los votantes. «Les apalizaron brutalmente», ha manifestado otro testigo en respuesta a las preguntas del abogado de Oriol Junqueras y Raül Romeva, Andreu Van den Eynde.

PALIZAS Y CABEZAS ABIERTAS

Uno de los testimonios más crudos ha sido el de Joan Pau Salvadó, quien ha dicho que de «un ambiente muy tranquilo y de emoción» se pasó a «palizas» y «cabezas abiertas» por las agresiones que asegura que sufrieron por parte los agentes. «Les daban en el hígado, en la barriga, en las partes bajas, y cuando se agachaban de dolor les abrían la cabeza. Vi gente llorando, gente gritando, con miedo», ha resaltado.

Este testigo ha contado que la gente pedía a los guardias civiles que actuaron en el colegio al que acudió «que no les pegaran» y les decían que «sólo querían votar» y no querían «hacer daño a nadie». Cuando los agentes se marcharon, la gente «les iba acompañando con las manos en alto», ha añadido.

Durante sus declaraciones, los policías y guardias civiles también hablaron de insultos por parte de los manifestantes. Los votantes, por su parte, lo han negado en un principio, pero en el turno de la Fiscalía y la Abogacía del Estado sí han reconocido que algunos pudieron «perder los nervios», pero siempre a raíz de la actuación policial.

Los agentes también aseguraron que los miembros de la policía judicial anunciaron en cada colegio que tenían orden del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) de cerrar los centros e incautar el material electoral, pero los votantes han asegurado que en ningún momento escucharon eso.

«¿Sabía que el referéndum había sido suspendido y que había una orden judicial?», ha preguntado a Salvadó la abogada del Estado Rosa María Seoane. Sabía que votar no es delito. También creo que debían habernos protegido y no pegarnos», ha replicado el testigo, por lo que el presidente del tribunal, Manuel Marchena, le ha interrumpido pidiéndole que conteste.

«VINIERON A POR NOSOTROS»

«¿Sabía que habían ido policías y guardias civiles a Cataluña para evitar la celebración del referéndum?», ha añadido Seoane, a lo que el testigo ha reconocido que sí. A esta misma pregunta, otro votante, Albert Salvaó, concejal además de la localidad de Sant Carles de la Ràpita y miembro de ERC, ha dicho que lo supo por la prensa, apuntando además que lo sufrió «en sus propias carnes». «Vinieron a por nosotros», ha aseverado.

Este concejal ha tratado de mostrar cierto desconocimiento de las órdenes judiciales que se habían emitido para impedir el referéndum, pero sí ha querido dejar claro que pese a todo ello «está permitido votar». Marchena, una vez más, ha tenido que intervenir para pedir al testigo que no haga valoraciones políticas.

Uno de los testimonios más curiosos ha sido el de Pilar Calderón, una mujer que ha dicho que ejerció de apoderada de ERC el día del referéndum en un colegio de Sabadell, aunque ha manifestado que lo hizo «voluntariamente», sin que nadie le nombrara o se lo encargara.

Según ha relatado, ella pasó el sábado en el centro «organizando actividades lúdicas» como yoga o teatro, y durmió allí. «¿Organizaron actividades para que no se pudieran cerrar los colegios?», ha preguntado el fiscal. «Decidimos que haciendo actividades era una manera de manifestar nuestro derecho al voto. No sabíamos que iba a venir la Policía a cerrarlos», ha explicado.

DISFRACES, JUGUETES Y COMIDA PARA CELÍACOS

Ante la insistencia del representante del Ministerio Público, esta testigo ha terminado reconociendo que los votantes querían impedir la entrada de los policías, después de defender que lo único que hacían era «manifestarse», sentándose en el suelo de la entrada con las manos levantadas.

Según la testigo, los policías pasaron un buen rato dentro del colegio buscando las urnas y el material electoral, «reventando puertas» el comedor y otras aulas, pero finalmente se marcharon sin nada. Sí se llevaron material escolar, «como disfraces o juguetes», ha asegurado. Otro testigo que también estuvo en ese centro ha añadido que se llevaron «alimentos para celíacos».

Cuando se marcharon los agentes, los votantes decidieron «entre todos» que el colegio se volvería a abrir. El abogado de Vox Pedro Fernández ha querido saber entonces qué hicieron después con las urnas, pero la testigo no lo sabe. Tampoco supo cómo llegaron las urnas al centro: «Yo dormí en el colegio y cuando me levanté las urnas estaban allí, en la puerta».

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