Wilhelm Keitel, hijo del terrateniente Carl Keitel y de su esposa Apollonia Vissering nació en 1882 Helmscherode, un distrito de la ciudad de Bad Gandersheim. Sus padres Ambos procedían de ∑ y relacionadas con el ámbito militarista de Prusia, por lo que desde muy pequeño educaron a su hijo en los valores tradicionales y patrióticos, enviándole a estudiar en el Gimnasio de Göttingem.

Con 19 años de edad, Wilhelm Keitel ingresó en el Ejército Alemán en el año 1901. Formando parte de la rama del Ejército Prusiano, accedió al 46º Regimiento de Artillería de Wolfenbütel, donde gracias a sus méritos y vocación para los estudios fue ascendido al grado de capitán en 1914.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Keitel fue destinado al Frente Occidental de Francia para combatir en la Primera Batalla del Marne a las afueras de París. En septiembre de 1914 resultó gravemente herido por metralla en Flandes.

Tras recuperarse pasó al Estado Mayor alemán a principios de 1915. Al finalizar la contienda, permaneció en el recién creado Reichswehr como oficial e instructor de la Escuela de Caballería de Hannover. También jugó un importante papel como organizador de unidades de los Freikorps encargadas de la vigilancia de la frontera con Polonia. Ascndió a general de brigada en 1933 y trabajó en el Ministerio de la Guerra en 1934.

Wilhelm Keitel

Cuando Adolf Hitler alcanzó el poder en Alemania en 1933 y fundó el Tercer Reich, Keitel fue uno de los pocos militares que se sintió atraído por el pensamiento nacionalsocialista a diferencia del resto del generalato que mostró cierta hostilidad. En ese año conoció por primera vez a Hitler.

Aunque Keitel no era un nazi lleno de odio, sí era leal al Führer, igual que lo había sido con los anteriores jefes de Gobierno. Gracias a su lealtad, Hitler nombró a Keitel jefe del Departamento del Ejército del Ministerio de la Guerra en 1935, le ascendió a general de división en 1936, le otorgó el título de teniente general en 1937 y finalmente le designó comandante supremo del Alto Mando Alemán (Oberkommando der Wehrmacht o OKW).

En 1939, transmitió al Führer el deseo de paz de sus colegas en la Wehrmacht. Su mensaje fue descartado y en 1941, Hitler ascendió a Wilhelm Keitel a mariscal de campo y le hizo cabeza visible de todo el Alto Mando Alemán (OKW) junto a los generales Alfred Jodl y Walter Warlimont. Sin embargo, el triunvirato Keitel, Jodl y Warlimont no se mostró efectivo en las decisiones porque más bien estaban ahí por idolatrar al Führer y rara vez le contradecían por miedo a perder su rango.

En 1942 volvió a ser el portavoz de sus colegas, que deseaban detener el exterminio de los judíos para conservar su fuerza de trabajo. Está claro que no fue escuchado. Y en 1944 intentó contener la cólera de Hitler tras el atentado del 20 de julio.

Sin embargo, el instinto de nobleza de Keitel era más verdadero que el de otros colegas suyos absueltos por la Historia. Según aparece en las memorias de Keitel, los líderes de la SA en la ciudad en la que estaba destinado, Potsdam, se ofrecieron a custodiar un arsenal del Ejército ya que les constaba que una conspiración comunista en marcha. Keitel preguntó a sus superiores pero no recibió una respuesta clara. Por su propia iniciativa, escondió las armas lejos de las SA, cuyos líderes planeaban un golpe de Estado que obligara a Hitler a disolver el Ejército y a imponer una política más revolucionara.

El tiempo le dio la razón a Keitel. El Reich desactivó las SA en la Noche de los Cuchillos Largos y Keitel se alegró de haber tomado las decisiones correctas. Después, cuando supo que los líderes de las SA habían sido ejecutados, se sintió escandalizado pero lo aceptó. Toda la vida de Keitel durante la Guerra consistió en en atenuar el odio entre militares y nazis.

Keitel amagó varias veces durante la Guerra con dejar el uniforme y volver a su granja. El sentido ciego de la obediencia y las presiones de sus superiores se lo impidieron. Cuando se quiso dar cuenta, su firma aparecía en documentos infames como el que autorizaba la ejecución indiscriminada de los prisioneros de Guerr, causa por la que fue condenado.

Su cara también estaba aparecía en muchas de las fotos negras de la historia de Alemania, incluida la firma del armisticio en un cuartel del Ejército Rojo. Keitel no era un nazi bueno, porque ni siquiera era nazi y no hizo el bien, pero puede que todo fuera por un trágico error.

Sentado en el banquillo de los acusados durante los Juicios de Núremberg, se le acusó de crímenes de guerra, crímenes contra la paz y crímenes contra la humanidad. Pese a que alegó que sólo había cumplido órdenes, fue declarado culpable el 1 de octubre de 1946 y ejecutado en la horca el 16 de octubre de ese mismo año.

En el momento de su ejecución, sus verdugos calcularon mal la longitud de las sogas utilizadas en las ejecuciones, por lo que Keitel no murió rápidamente debido a fractura cervical, como era la intención, sino que sufrió una muerte larga y dolorosa por asfixia.

Además de este error, la trampilla era demasiado pequeña, así Keitel se golpeo la cabeza al pasar a través de ella.​ Sus últimas palabras fueron: «Alles für Deutschland. Deutschland über alles (Todo para Alemania. Alemania por encima de todo)».

Fuentes: El Mundo, Wikipedia y eurasia1945.com

DEJA UNA RESPUESTA