Juande D. Fernandez
Doctor en Ecología Terrestre. Responsable de Presencia Territorial de Greenpeace


Cuando era pequeño, en el colegio, durante la EGB, la Educación Ambiental era algo inexistente en las materias tratadas en clase. Como mucho íbamos un día al año a plantar un árbol, o hacer una recogida de basura en un entorno natural. Y lo siento por las personas que os gustan este tipo de actividades, pero esto no es educación ambiental. Más bien un “calma conciencias”, con el que pensamos que los niños y niñas están adquiriendo una conciencia ambiental, pero en realidad esto sirve de muy poco.

Afortunadamente, la educación ambiental está cambiando y en asignaturas como Ciencias de la Naturaleza y Ciencias Sociales se estudia el medio ambiente y sus problemas, mucho más de cómo se hacía antaño, aunque aún nos queda mucho por mejorar. En un artículo publicado recientemente en este mismo medio, después de analizar numerosos libros de texto, se concluía que la manera en que los libros de texto presentan los problemas medioambientales no incentiva la preocupación sobre ello, ni el pasar a la acción. Incluso, basan el estudio del medio ambiente en procesos de memorización, en vez de en la investigación y el entendimiento de nuestro entorno.

Además, como complemento a la información medioambiental incluida en las asignaturas, de forma excepcional, en algunos centros educativos se realizan actividades de concienciación tales como charlas, juegos, talleres, etc. Donde se explica a las niñas y niños cómo cambiar sus hábitos para que sean más sostenibles. Ya sabéis, enseñarles que hay que cerrar el grifo mientras se cepillan los dientes, que apaguen las luces, que usen el papel  por las dos caras o que los envases van al contenedor amarillo. Sin embargo, éste trabajo de concienciación será de poca utilidad si no viene acompañado de un proceso previo, que a mi me gusta llamar la fase 1 de la educación ambiental.

Esta primera fase debe ser proceso transformador de educación ambiental para las/os estudiantes basado en la investigación y análisis. Consiste en estudiar los problemas medioambientales, entendiendo los procesos y la relación que hay entre nuestros actos cotidianos y lo que sucede en nuestro entorno próximo y lejano. Déjame que te ponga un ejemplo. En los centros educativos de mi pueblo (Atarfe en la provincia de Granada), se abordó el problema del agua. Pero en vez de un enfoque típico de hablarles de la sequía y decirles a los/as estudiantes, de forma unilateral, que tienen que ahorrar agua y evitar su contaminación, hicieron un completo trabajo de investigación, en el que las/os chavales indagaron en los problemas asociados al uso del agua, gasto de agua en la producción de productos de uso cotidiano, contaminación asociada a la producción de textiles, vínculos de la sequía con el cambio climático y la mala gestión, etc. Y en, una segunda fase, se propuso que fuesen ellos los que, en base a todo este conocimiento que habían aprendido, que buscaran y propusieran soluciones. Se trata de darles el poder y la responsabilidad de elección, que puedan elegir cómo cambiar las cosas y hacerlo en base a la razón por entender de forma científica lo que ocurre, y en base al corazón, por haber sentido el placer de descubrirlo y los efectos de sus actos. Sin duda, este es un proceso más lento, que simplemente decirle a la juventud que tienen que reciclar o llevarles un dia a hacer una limpieza a una playa. Pero sin embargo, es la forma más eficaz para que la educación ambiental sea realmente el proceso que lleve nuestra sociedad al cambio que necesitamos.

Después, una vez asentadas bien las bases de lo que está ocurriendo, podríamos entrar en la segunda fase de la educación ambiental. Ahora sí, hablar de  los cambios que podemos hacer en nuestros hábitos diários. Hace tiempo, en Greenpeace, sacamos la guía “Actúa: Consejos para una vida sostenible, donde puedes encontrar un monton de ejemplos y consejos de como hacer nuestro día a día más verde. En la línea que hablábamos anteriormente, de compartir con los niños y niñas propuestas específicas de llamada a la acción. Si bien, es muy importante que dentro de la educación ambiental este sea un proceso participativo y los compromisos adquiridos por la juventud tienen que salir de ellos/as. Evitemos que lo vean como una aburrida imposición de los adultos, los mismos adultos que hemos destruido el planeta y ahora le exigimos que cambien sus hábitos para evitar el deterioro ambiental. Sino que sean ellas/os quienes decidan dar un paso adelante y ponerse del lado de la solución de los problemas. Como consecuencia del proceso de conciencia adquirido en la primera fase.

Podríamos dejarlo aquí. Un proyecto de educación ambiental que cumpliese estas dos fases, sería bastante completo. Sin embargo, creo que la educación debe ir más allá, tiene que hacer que la juventud genere cambios en el mundo que les rodea, esta es la tercera fase. Es una oportunidad para estimular la capacidad de los niños y niñas de incidir en la sociedad y que sean activos en la consecución los cambios que necesitamos. Un aprendizaje que puede aportar la Educación Ambiental y que ayudará a crear una ciudadanía crítica, activa y movilizada. Un buen ejemplo de cómo la juventud no tiene que esperar a ser adultos para cambiar el mundo que les rodea lo vimos ayer. Ayer 15 de Marzo centenares de miles de estudiantes dejaron las aulas vacías, para llenar las calles y pedir a políticos y empresas que actúen de forma urgente para frenar el cambio climático. Fue realmente emocionante y esperanzador, ver como las plazas se llenaron de jóvenes luchando por el planeta. Estoy convencido de que este movimiento, #FridaysForFuture, se ha sentado sobre las bases de una juventud bien formada e informada. Que entiende lo que lo pasa a su alrededor, las consecuencias de nuestros actos y que de forma decidida se siente empoderada para mejorar el futuro cambiando el presente. Y esto también deben de afrontarlo y fomentarlo los proyectos de educación ambiental.

Una educación ambiental efectiva ha de basarse en entender el mundo que nos rodea, para hacer más sostenible la forma en la que interacciones con él. Y finalmente fomentar que la juventud pase a la acción, que sean motor de cambio e inspiración para el resto.

1 Comentario

  1. Es muy lamentable cómo la ciudadanía, incluyendo a la estafa de Greenpeace, sigue ignorando el elefante en el salón y hablando de «educaciones ambientales efectivas» y otras imbecilidades cuando tenemos delante de nuestras narices el caos climático global que está provocando la geoingeniería.

    Por favor, dénse un baño de realidad y pónganse al día de lo que ocurre realmente en este planeta, tienen información científica (sin comprar) y creíble en español en esta web, que es de las pocas que abordan el tema sin complejos ni tabúes:

    https://www.geoengineeringwatch.org/spanish-translations/

    «No hay peor ciego que el que no quiere ver».

    Salud y fuerza para todos!!!

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