Pablo Chamorro y Juande Fernández
Greenpeace


Casi nadie pone en duda la magnitud del cambio climático, ni de que vivimos una gravísima crisis ecosocial que necesita respuestas urgentes por parte de los gobiernos, las empresas y la ciudadanía. Son una minoría los que generan dudas sobre la importancia de este problema, atendiendo a intereses económicos de algunas industrias. Sin embargo, lo más sorprendente a día de hoy no es que sigan existiendo negacionistas climáticos, sino las millones de personas, y los gobiernos que a pesar de asumir la urgencia de frenar el cambio climático no hacen nada al respecto. Afortunadamente, ante este inmovilismo, parte de la ciudadanía se está movilizando, empoderándose, organizándose y pasando a la acción colectiva. Una acción que es urgente y que necesitamos que sea masiva y global.

El cambio climático ya es una realidad y sus consecuencias serán aún peores si no tomamos medidas drásticas y urgentes antes de 2030, como indica el IPCC, el panel de científicos sobre cambio climático. Necesitamos transformaciones profundas que den la vuelta a este sistema económico y productivo que contamina el aire, la tierra y los océanos, calienta al planeta, destruye los bosques y empobrece a las personas. Por ello, a nivel institucional, cada año ha habido cumbres internacionales, la última de ellas en Polonia, en diciembre de 2018. En estas cumbres, políticos de casi todos los países han intentado llegar a acuerdos para poner freno al cambio climático, sin el éxito deseado y necesitado. Pero no todo lo importante durante estas cumbres ocurría dentro de las salas de reuniones. Fuera, en la calle, había movimientos a escala global, especialmente en la cumbre de Copenague, y sobre todo, en la de París, donde hubo un gran trabajo de confluencia de organizaciones como Coalition Climat 21 o el movimiento de Red lines, que salió con valentía y desobediencia a las calles el último día de la cumbre a pesar de la situación de alerta terrorista, que había prohibido todas las movilizaciones ciudadanas durante las dos semanas de la cumbre. Un año antes de París, la People Climate March, en Nueva York frente a la ONU, reunió la movilización más masiva de la historia con más de 300.000 personas y cientos de movilizaciones paralelas por todo el mundo.

Después de París, vino el Breakfree, como propuesta global de lucha contra los combustibles fósiles que surgió para recordar a los gobiernos, que a pesar del Acuerdo de París, la lucha seguía activa y articulada. Con el Breakfree hubo varias protestas a nivel global entre el 2016 y el 2018, unas veces articuladas por 350.org y otras por Greenpeace. En estos años también vimos con admiración las acciones de desobediencia civil más masivas ocurridas en los últimos años, en las que más de 5000 activistas ocupaban la mayor fuente de CO2 de Europa, la mina de lignito (carbón) de Garzweiler en Alemania, articulado por el movimiento Ende Gelande.

Y llegamos a finales del 2018 y comienzos del 2019 con un despertar de movimientos emergentes climáticos sorprendente y espontáneo. El pasado mes de octubre el bosque de Hambach se convirtió en un icono del activismo climático en Europa llegando a reunir a miles de personas que reclamaban el abandono de la actividad minera de carbón en este bosque y la protección de las aldeas amenazadas y en diciembre en España la plataforma “Un futuro sin carbón” se movilizaba en más de 20 puntos de todo el estado español para reclamar aquí el fin del carbón para el año 2025. Por otro lado Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años, empezó en agosto de 2018 una huelga continuada de tres semanas por el clima antes de las elecciones suecas pidiendo a los partidos políticos en el parlamento sueco que actúen con urgencia para frenar el cambio climático. Su protesta continuó todos los viernes después de las elecciones, y fue sumando apoyos e inspirando a otros estudiantes de otros países que se fueron también uniendo a la huelga. Greta saltó a la esfera global mediante su durísima intervención en la cumbre del clima de Katovice en Polonia exigiendo a los líderes políticos y empresariales que den prioridad al cambio climático, tratándolo como la crisis que es y tomando medidas urgentes. Y esto fue sólo el comienzo, llevamos tres meses con movilizaciones de estudiantes masivas por Europa, 75000 personas en Bruselas (Bélgica), más de 10000 en La Haya (Holanda) y 30000 en Berlin (Alemania),  por citar tres ejemplos.

Y mientras los estudiantes se movilizan, otras iniciativas se van articulando con la acción directa no violenta y la desobediencia por bandera, extendiéndose por todo el mundo con principal foco en Europa. Son los casos de Extinction Rebellion y By 2020 We rise Up. La primera surge en Inglaterra, a finales de 2018, y en pocos meses ha realizado numerosas actividades de desobediencia civil y ha conseguido el apoyo de cientos de científicos, que apoyan la necesidad de pasar a la acción de forma urgente. Por otro lado, By 2020 We rise up viene a ser una confluencia de movimientos sociales, colectivos y organizaciones que pretende generar acciones de desobediencia descentralizadas este año y apuesta por grandes movilizaciones de acción directa no violenta en Europa para el próximo año.

Es necesario, que en nuestro día a día seamos más sostenibles, y sumemos millones de pequeños actos cotidianos para mejorar el planeta. Pero esto ya no es suficiente. Necesitamos que los movimientos ecosociales contra el cambio climático sean mayoritarios y masivos. La ciudadanía tiene que coger las riendas y defender nuestro hogar, el planeta Tierra. El planeta necesita que te sumes a estas olas que se están generando. La próxima cita, el próximo reto, lo tiene el movimiento estudiantil el 15 de marzo. Un huelga global de estudiantes contra el cambio climático, el #FridaysForFuture. Si eres un/a joven estudiante, sé parte del movimiento, organiza tu propio evento. O si, como nosotros ya peinas canas, anima y ayuda a los/as jóvenes que tengas a tu alrededor a que se sumen.  ¡A por ello jóvenes del mundo!


PABLO CHAMORRO ORTIZ

Educador ambiental, apasionado por el consumo responsable y transformador. Coordinador de movilización de Greenpeace.

 


JUANDE FERNÁNDEZ

Doctor en Ecología Terrestre. Responsable de Presencia Territorial de Greenpeace.

 


 

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