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Ya son mil las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas desde 2003. Las muertes de dos mujeres en las últimas 48 horas en Alboraya (Valencia) y Ayamonte (Huelva) han hecho que el marcador que contabiliza las víctimas mortales de esta lacra social alcance los cuatro dígitos. 1.000 mujeres asesinadas en España en 16 años es una cifra desoladora, por mucho que la ultraderechista Vox cuestione la existencia de una violencia estructural sobre las mujeres.



Y no para de aumentar este terrible dato. Ya son 25 las víctimas mortales de la violencia machista en lo que va de 2019, a falta de confirmarse como violencia machista el asesinato paraguaya Romina Celeste, asesinada en Lanzarote a principios de año.

Los máximos históricos, en cuanto a número de víctimas mortales, se registraron en 2008, cuando se registraron 76 asesinatos, mientras que en 2010 fueron 73 y en 2004, 72.

Respecto a las denuncias, desde enero de 2007 hasta junio de 2018, se han presentado 1.572.186; de ellas, 81.663 se registraron en el primer semestre de este año, un 1,84 % menos que en los seis primeros meses de 2017, año en que se alcanzó el récord de 166.260, un 16,4% más que en 2016.

En cuanto a la cifra de los huérfanos por violencia de género, ya suman 226 desde 2003. Este año, 35 niños y niñas han perdido a sus madres, una cifra superior a los 26 de 2017 o los 23 de 2016, pero muy inferior a la de 2015, cuando 51 niños perdieron a sus madres.

 

Una lucha de todos y todas

España ha recorrido un largo trecho en la lucha contra las agresiones motivadas por la desigualdad entre hombres y mujeres, pero como demuestra cada asesinato y cada agresión, aún queda un largo trecho por recorrer. Y es la violencia machista radica en un comportamiento social difícil de corregir sólo con leyes.



Una de las grandes dificultades a las que se enfrenta la lucha contra la violencia machista es el comportamiento reacio de buena parte de la sociedad, que ha perdido el temor a cuestionar en público el maltrato, a argumentar que los datos están inflados, etc, sobre todo desde que Vox ganó músculo, entre otros motivos por su férrea oposición a la ley contra la violencia de género.

Queda un largo camino para erradicar esta lacra, y todos los estamentos de la sociedad deben implicarse para lograrlo. Las cifras demuestran que queda trabajo por delante.

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