Cynthia Duque Ordoñez

El 24 de octubre de 1975 más del 90 % de las mujeres islandesas hicieron huelga, pararon el país, para denunciar la desigualdad entre géneros. Hoy Islandia tiene el menor índice de brecha salarial de género por noveno año consecutivo para el Fondo Económico Mundial. Su lucha continua, pues hace algo más de dos meses aprobaron una ley para luchar contra la brecha salarial consistente en exigir a las empresas que demuestren que pagan el mismo salario por igual trabajo realizado por hombres y mujeres, también se extiende la restricción a discriminaciones por religión, ideología, etnia u orientación sexual.
El jueves 8 de marzo paramos todas nuestras actividades, algunas de las cuales para el capitalismo no son computadas económicamente. Pararemos su economía que es lo que verdaderamente les importa, sin olvidar que patriarcado y capital son un mismo ser, es decir, las dos caras de una misma moneda.  Parando demostraremos que somos imprescindibles, que todas aquellas actividades que miles de millones de mujeres hacen sin recibir contraprestación tiene valor social y económico, por lo cual debemos renombrarlas. Son aquellas actividades que al no verse compartidas con los hombres lastran la realización de los proyectos de vida de esas mimas mujeres.


Necesitamos una revolución que transforme el modo de hacer las cosas que durante milenios ha consistido en moldear al mundo a imagen y semejanza del hombre ¿y la mujer? Nosotras no importábamos porque los hombres sellaron un pacto sexual entre ellos -pacto social- para apoderarse de nuestros cuerpos.
La revolución será que podamos ser hombres y mujeres más al del patriarcado. Una revolución simbólica, por la cual crearemos otro mundo y nombraremos todas aquellas prácticas -como por ejemplo los cuidados- que las mujeres llevan haciendo toda la vida y que carecían de luz en el sistema de dominación patriarcal.
Si no cabíamos las bases del pacto social para que se ajusten a la medida -figura y necesidades- de las mujeres, nunca erradicaremos la misoginia imperante y por ende difícilmente la legislación pueda ser efectiva y directamente aplicable con el fin de conseguir equidad un mundo construido a la medida de los hombres.

Cartel estatal de la huelga Feminista 8M

Estamos a punto de hacer historia compañeras, así lo siento en el alma, pero no va a ser un camino de rosas nuestra revolución. Milenios de subordinación y aceptación de roles de género no van a ser diluidos, eliminados, de la noche a la mañana, necesitaremos décadas y reeducación para “deconstruirnos” como sociedad. No sé si veremos sus frutos, pero sé que las generaciones futuras si los verán porque hoy nosotras hemos dicho basta a la dominación patriarcal.
Dentro de 50 años, cuando las niñas y niños estudien en las escuelas lo que era el heteropatriarcado o estudien como borraron de la historia los nombres de las mujeres científicas, artistas o escritoras, o como ellas fueron asesinadas por serlo, se quedaran atónitos, pues no habrán sentido en sus carnes las garras de la discriminación.

Yo hago huelga para que haya un día en el que no partamos en desventaja en la consecución de nuestros proyectos de vida.

Sólo los ciudadanos felices construyen sociedades mejores y más justas.

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