Por Javier Díaz Ortiz

Perdón. Perdón porque me declaro hombre, y soy culpable. Todos los hombres, sin excepción, somos cómplices de la construcción y mantenimiento del heteropatriarcado. De forma consciente o inconsciente todos hemos contribuido en mayor o menor medida a la opresión de un género y nos hemos beneficiado de los privilegios que este sistema nos brinda por el mero hecho de ser hombres. Nacer inmersos en esta dinámica de dominación nos induce a pensar que es lo normal, que está en nuestra naturaleza y que así debe ser. Pero por suerte, tras años de incasable lucha feminista, somos cada vez más los hombres que entendemos que esto no es normal, que no es lo natural sino un ejercicio continuado de violencia sobre las mujeres de cuya complicidad nos beneficiamos.

Los hombres no estamos llamados a liderar la lucha feminista. No estamos legitimados para reivindicarnos en la misma posición que las mujeres. No somos nadie para tomar su voz y hacerla nuestra. La liberación feminista es una lucha por y para mujeres. Solo ellas, valientes y libres, que han decidido rebelarse contra todo un sistema, tienen la capacidad para entender la verdadera represión del heteropatriarcado porque lo han sufrido en sus mentes y sus cuerpos. De un sistema social, económico, cultural y político cuyos orígenes se remontan al principio de los tiempos, y cuyo fin está más próximo con cada mujer que se levanta y dice basta. Sería una contradicción hablar de empoderamiento de las mujeres si los hombres tutelásemos su lucha y pretendiéramos protagonizar su liberación. Es absurdo.

El lugar del hombre feminista no está en la vanguardia del movimiento. Nuestra labor comienza por reconocernos partícipes culpables en la construcción del sistema patriarcal opresor. El primer paso está en la renuncia a los privilegios que se nos brindan por el simple hecho de ser hombres, debemos romper las dinámicas de represión en las que participamos o de las que somos testigos a diario. Nuestra responsabilidad para con el feminismo se encuentra en la evitación de todas las violencias machistas que presenciamos o incluso protagonizamos. Debemos abandonar la actitud paternalista y asumir que las mujeres por sí solas pueden recuperar lo que el heteropatriarcado les arrebató. Solo de esta forma seremos verdaderos hombres feministas, no obstaculizando el imparable movimiento feminista de las mujeres que luchan por su liberación.

Nacido en Cebreros (Ávila), tengo 21 años. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la UCM. En colaboración con proyectos de Derechos Humanos, Derechos LGTBI y otras ONG. Coordinador de Opinión de Contrainformacion.es

Deja un comentario