miércoles, octubre 5, 2022
Zara sigue vendiendo en Moscú a través de un mercado paralelo

Zara sigue vendiendo en Moscú a través de un mercado paralelo

El Kremlin desea mantener "una sensación de normalidad en la vida cotidiana", que implica que los ciudadanos rusos tengan acceso a todos los productos a los que se han acostumbrado

Después de que cientos de empresas abandonaran Rusia en protesta por la invasión de Ucrania hay productos que siguen llegando al país a través de un esquema que el gobierno llama «importaciones paralelas» con las que elude las sanciones occidentales y que le permite comprar productos fabricados en empresas extranjeras, aparentemente, legalmente.

Automóviles, productos tecnológicos, instrumentos musicales, cosméticos, barcos e incluso ropa de Zara han caído en la llamada importación paralela, que permite a compañías rusas comprar bienes de cualquier compañía fuera de Rusia sin aprobación de los dueños de la marca, abriendo las puertas a mercados dudosos y sistemas para mantener las estanterías llenas.

En el caso de Zara, Alexander Gorbunov, un inversor inmobiliario de la ciudad siberiana de Krasnoyarsk, encontró una solución simple: importar él mismo la mercancía de la empresa española.

Zara sigue vendiendo en Moscú a través de un mercado paralelo
Zara sigue vendiendo en Moscú a través de un mercado paralelo

Gorbunov, que acaba de abrir una tienda llamada Panika que vende exclusivamente productos de Zara y Zara Home, explicó que enseguida encontró un vendedor en Kazajistán que vendía ropa de Zara, y entonces importó un lote de prendas por valor de entre 1,5 y dos millones de rublos (alrededor de 32.000 euros) con un sobreprecio de apenas 200-300 rublos (unos cuatro euros). Su margen de ganancia será el doble ya que la marca está muy solicitada.

«Es una importación oficial paralela», dice, mientras Rusia empieza a permitir a prácticamente cualquier persona vender productos comprados en el extranjero. «No compramos todo… Tenemos un diseñador que elige lo que comprar de las últimas colecciones, no queremos solo llenar nuestras tiendas de productos de Zara», añade  Gorbunov.

La intención inicial de muchos de los productos vendidos por las marcas occidentales que llegan ahora a Rusia era exportarlos a países que son parte de la Unión Económica Euroasiática, con la que Moscú comparte una unión aduanera, pero los productos luego son enviados a Rusia y vendidos en el mercado, de modo que las marcas occidentales pierden todo el control sobre su distribución y venta.

A finales de mayo, Vladímir Putin dijo en alusión a esta política que permitiría a los rusos seguir importando bienes de «clase de lyuksus», un término compuesto por la palabra rusa para lujo y la marca de automóviles Lexus.

Sensación de normalidad en la vida cotidiana

El sociólogo Grigory Yudin dice que el Kremlin desea mantener «una sensación de normalidad en la vida cotidiana», que implica que los ciudadanos rusos tengan acceso a todos los productos a los que se han acostumbrado, para que se evadan de la realidad a la que se han aferrado desde el inicio de la guerra.

Esta nueva política de «importaciones paralelas» presenta riesgos para las compañías que no se retiraron del país.

Además, hay un nuevo mercado en plataformas de mensajería como Telegram, donde los vendedores ofrecen importar productos de lujo y electrónicos, e incluso ocuparse de transacciones financieras complicadas por una comisión del 5%.

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