Zehra Doğan, sangre y libertad

Ana de Blas
Periodista y licenciada en Bellas Artes


Una joven rea observa a la gente que se apresura en sus tareas desde la ventanilla del furgón para transportar a los presos. Y piensa con tristeza: estas personas no son conscientes de ser prisioneras. La única diferencia conmigo son las manos esposadas.

La reclusa se llama Zehra Doğan.

Zehra Doğan junto a una de sus pinturas. Foto: Kedistan.

Zehra Doğan pasó dos años, nueve meses y 22 días entre rejas por pintar un cuadro.

Arriba, la foto del ejército turco en Nusaybin. Debajo, el cuadro por el que Zehra Doğan fue condenada a prisión. Foto: Zehradogan.net

La pintura representa la destrucción de la ciudad de Nusaybin, de mayoría kurda, situada en el suroeste de Turquía, tras los enfrentamientos entre jóvenes armados y el ejército turco durante 2015 y 2016. Paradójicamente, la obra se inspira en una fotografía tomada por un medio estatal, solo que en ella los blindados del ejército han sido dibujados como monstruos. Fue considerada propaganda terrorista y su autora condenada.

Trabajos del periodo carcelario de Zehra Doğan en Diyarbakir. Fotos: Jef Rabillon, Kedistan.
Retrato de Madre Sisê, junto al bebé de otra reclusa, por Zehra Doğan. Foto: Kedistan

Periodista y artista plástica, Zehra Doğan nació en 1989 en Diyarbakir, considerada la “capital” del Kurdistán turco. Estudió Bellas Artes en Dicle, en Anatolia. Desde niña ha sido testigo de un mundo de violencia y opresión. El 8 de marzo de 2012 creó, junto a otras colegas kurdas, la primera agencia de prensa compuesta íntegramente por mujeres, Jinha. Así, en 2015 Zehra informó sobre el horror de las mujeres yazidíes frente al Daesh –la huída, los secuestros y violaciones, las mujeres usadas como bombas humanas– en una serie de trabajos que le valieron el premio Metin Göktepe. Como reportera cubrió otras muchas barbaries hasta la acusación y la prisión preventiva, tras la cual vivió en clandestinidad tres meses. Obsesionada por el recuerdo de tantas matanzas y pintando sin cesar, fue de nuevo apresada en junio de 2017 y encerrada en la cárcel de alta seguridad de Diyarbakir. De allí fue trasladada al penal de Tarsus, donde cumplió la mayor parte de su condena.

El rojo de sangre es un color

Sin material de dibujo, durante su cautiverio Zehra se las ingenió para usar papel de embalar, periódicos, trozos de ropa vieja y pigmentos hechos por ella con restos de comida, mohos o excrementos de pájaro. También decidió usar su propia sangre menstrual para pintar, en un gesto de resistencia como mujer que sus guardianes calificaron como “repugnante”, escandalizados ante el tabú de la menstruación, mientras frecuentemente confiscaban sus trabajos. Ella dibujaba, ellos destruían sus creaciones. “No sé para qué nos meten en la cárcel, salimos siendo más fuertes”, había dicho tras los 141 días de prisión preventiva.

Zehra Doğan es puesta en libertad. Febrero de 2019. Foto: JinNews.

Zehra Doğan fue excarcelada el 24 de febrero pasado. Ese domingo, Jinha publicaba un pequeño vídeo de su salida. Flores, abrazos con las compañeras y en su voz el compromiso con el periodismo y el arte: “Es mi campo de trabajo, de lucha. No tengo excusa”, afirmó entonces. “Tenía que seguir dibujando. Es así de simple. No había nada más que pudiera hacer para expresar mi existencia”.

Ahora, más de 30 de sus originales se exponen en la Ópera de Rennes, en Francia, hasta el 31 de marzo. Divididos en dos etapas, el “periodo clandestino” recoge dibujos acerca de la destrucción contemplada como periodista, mientras el “periodo de encarcelamiento” muestra los trabajos hechos entre rejas. Allí pintó entre otros muchos el retrato de la anciana Madre Sisê, junto al bebé de otra reclusa, testimonio de la vida de las mujeres encerradas tras los muros sin importar su edad o su estado de salud.

Dibujos de Zehra Doğan. Cárcel de Madin. Fotos: Jef Rabillon, Kedistan

El apoyo de los amigos en Europa de la causa kurda durante ésta y otras exposiciones no es el único que ha recibido la periodista y artista: desde el mundo del arte, figuras internacionales como Ai Weiwei o Banksy se han solidarizado y carteado con ella. También la veterana asociación Pen International, en defensa de la libertad de expresión, ha mostrado su solidaridad con Zehra Doğan. En una carta dirigida a Ai Weiwei ella misma escribe: “Miles de niños, enfermos y ancianos están encarcelados. Políticos, artistas, defensores de derechos, periodistas, autores están entre rejas”. Y concluye: “En un lugar en el que existe la persecución, siempre emergerá una dinámica para combatirla. Y la más bella de estas dinámicas es el arte. Trato de respirar con esta convicción”.

 

“Free Zehra Doğan”, por Banksy

Mural de Banksy y Borf en Nueva York. Marzo de 2018

En marzo de 2018, Banksy y su compañero Borf realizaron en Nueva York un mural solidario. Sobre la pared blanca, series de rayas agrupadas de cinco en cinco, al modo en que se tachan los días en una celda cuando no se tiene a mano un calendario. Tras cuatro de estos trazos, los artistas pintaron el rostro y las manos de Zehra, agarrada a ellos como si fueran los barrotes de su prisión. Una de estas barras negras tiene la punta afilada… porque es un lápiz, sostenido con firmeza por la mujer presa.

Pocos meses meses después y pese a tener cortadas las comunicaciones desde la cárcel de Diyarbakir, la red de apoyo a Zehra consiguió hacer llegar al exterior la carta con la que la activista quiso agradecer personalmente el mural. El manuscrito fue publicado en la cuenta de Instagram de Banksy, traducido a varios idiomas (Maite, para la versión en español) y reproducido, al igual que la misiva a Weiwei y otros muchos materiales, en las páginas de la revista Kedistan. Esta publicación digital es uno de los grandes apoyos comunicativos de la causa de Zehra Doğan. “Lo que de verdad aterra a este país sumido en la oscuridad, transformado en un matadero, que provoca un derramamiento de sangre entre las gentes que están en lo cierto, que se enfrentan a la opresión, la persecución, es el hecho de verse enfrentados a su propia realidad, como si se viesen plasmados en un espejo”, escribe la joven.

Mural de Banksy y Borf en Nueva York. detalle. Marzo de 2018.

Daniel Fleury, uno de los impulsores del magazine, editado por una asociación radicada en Angers (Francia), comenta con ironía cómo los “importantes” del arte califican los originales de Zehra como algo “poderoso, pero que no es arte”, armados con su iPhone último modelo y su aire de superioridad. Fleury cuenta cómo Zehra no ha frecuentado nunca la escena artística en Turquía, mientras sí ha intentado explicar lo que le impulsa a pintar y a escribir: “trabajo para purificar nuestro suelo manchado de sangre. Deseo que todo lo que se ha vivido no sea olvidado, tachado, y que las verdades se adhieran a mis lienzos”, escribió en prisión. Para ella, el arte se transmite al margen de las barreras del lenguaje.

 

De ciudadana a esposa y madre

Zehra Doğan en la exposición “141”, con sus trabajos. Foto: Refik Tekin, Kedistan.

Pero, ¿qué está ocurriendo en Turquía? ¿Cómo es posible que una persona de con sus huesos en prisión, durante casi tres años, por pintar un cuadro? ¿Qué está pasando, además, con las mujeres? La escritora y politóloga iraní Nazanín Armanian escribe regularmente en la prensa española acerca de la situación en Oriente Próximo y las relaciones entre el gobierno de Ankara y la Unión Europea, donde solo en Alemania viven cuatro millones de personas de origen turco-kurdo.

Si sabemos que la presencia de mujeres en las filas de la guerrilla kurda es contundente, en contraste Armanian señala en sus artículos cómo, bajo el régimen del presidente Tayyeb Erdogan, la política de su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) ha sido “eliminar la figura de la mujer-ciudadana para sustituirla por la de esposa-madre tutelada por los hombres”. Si las turcas tuvieron derecho al voto ya en 1930, esta escritora exiliada en España advierte repetidamente sobre los retrocesos en los derechos de la mujer en éste y otros países. Armanian señala múltiples realidades que indican esta involución. Así, nos recuerda que un tercio de las novias en Turquía son menores de edad, que retrocede el número de mujeres con empleo remunerado, o que el presidente ha llegado a decir que las mujeres sin hijos son seres “incompletos”. La política de islamizar el país tiene graves consecuencias para la libertad de las mujeres turcas.

Zehra Doğan, en febrero. Foto: @zehradoganjinha

Mujeres en armas

Exposición “Zehra Doğan” en Rennes, Francia. Foto: Gael Le Ny, Kedistan.

El pasado 23 de marzo el portavoz de las Fuerzas de Siria Democrática –FSD, una alianza armada liderada por kurdos–, Mustafa Bali, publicó la derrota territorial del Estado Islámico en Siria. El anuncio marcaba el fin del “califato” autoproclamado el 29 de junio de 2014 en Mosul y era el colofón de la ofensiva lanzada contra el último bastión yihadista en Siria tras casi cinco años de lucha. Mientras recuerda el coraje, también con las armas, de las mujeres en los cuatro kurdistanes –turco, iraní, iraquí y sirio–, Nazanín Armanian señala en sus artículos las luces y sombras de la autonomía kurda en Rojava, el Kurdistán de Siria.

Dibujos de Zehra Doğan. Periodo clandestino. Fotos: Jef Rabillon, Kedistan.

“Rojava también presume por su “liberación de la mujer”, exhibiendo las imágenes de mujeres militarizadas, como símbolos de la mujer libre. Se ve que las únicas mujeres admiradas son las que se disfrazan de hombre y juegan su rol; no están las maestras, doctoras o panaderas”, ha escrito en el diario Público. Para esta autora, la transformación de los líderes kurdos –el histórico Abdullah Ocalan está preso en Turquía desde 1999– “empezó cuando en los noventa dio prioridad a la identidad nacional sobre las ideas socialistas”. En la actualidad, según relata Armanian en sus textos, las ideas de Ocalan han derivado a una especie de misticismo biologista que, aún ensalzando a las mujeres, nada tiene que ver con las bases materiales del sistema social. Muy crítica con la alianza entre kurdos y el gobierno estadounidense, la analista entiende que, lamentablemente, tras la derrota a Daesh en Siria aún habrá mucho que pelear. “Las guerras que se están gestando en Oriente Próximo llevarán dos banderas: la del chiismo-sunnismo y la bandera kurda”, escribe.

 

Después del 8 de marzo

Dibujos de Zehra Doğan. Periodo clandestino. Fotos: Jef Rabillon, Kedistan.

 A la salida del penal de Tarsus, Zehra Doğan no dejó de recordar a los cientos de artistas y periodistas kurdos que continúan en prisión y cuyos casos no han recibido tanta atención como el suyo. Unos días después, el 8 de marzo la movilización feminista global congregaba a millones de personas en el mundo. En Turquía, la reivindicación se saldó este año con la policía usando gases lacrimógenos y pelotas de goma en Estambul contra las manifestantes. “No entiendo por qué no nos dejan marchar por la calle Istiklal como hemos hecho durante años. En todo el país, en todo el mundo se celebra oficialmente el Día de la Mujer… y aquí el Gobierno nos prohíbe marchar. ¿Por qué les damos tanto miedo?” se preguntó en conversación con Efe una manifestante. Mientras esto ocurre fuera, intramuros algunas prisioneras se han unido a la huelga de hambre iniciada por la parlamentaria Leyla Güven para reivindicar sus derechos elementales.

Dibujos de Zehra Doğan. Periodo clandestino. Fotos: Jef Rabillon, Kedistan.

¿Es libre hoy Zehra? ¿Sigue entristeciéndole la sumisión inconsciente de los que no van esposados, como aquél día en el furgón de la cárcel? No hay una respuesta sencilla, sobre todo porque no puede darla ella misma directamente a esta periodista. Su amiga y organizadora de exposiciones, Naz Oke, responde al mensaje. Ella es también periodista y fundadora de la revista Kedistan. “Zehra actualmente se encuentra en un lugar donde no hay internet”, me dice. Debemos ser muy cautelosos, señalan desde Kedistan, y evitar que el régimen encuentre una nueva razón para inculparla. “Sucede en todo Oriente Próximo. Piden a los detenidos antes de ponerles en libertad un compromiso firmado por el que no tendrán actividades anti-sistema”, me explica Nazanín Armanian. Hay barrotes convertidos en lápiz, como el pintado por Banksy en Nueva York, hay barrotes de hierro y hay, tal vez, barrotes invisibles a nuestro alrededor.

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